LA PEOR POLÍTICA
Imprimir plata y regalarla a gente es suicida. Es creer posible consumir sin producir. De modo que los precios aumentaron, aumentan y aumentarán hasta que la masa monetaria, cada vez más enorme, represente a la producción, cada vez más magra.
Creer que se pueden controlar los precios es un insigne taradez. Lo único que se logra al anunciarlo es una suba preventiva de todos los precios. Después, se avanzará hacia el desabastecimiento. Los precios bajan por la competencia: acá hay muy poca. Abrir la importación no se puede, porque gracias al intento de robarles a los exportadores nos quedamos sin un dólar.
Si no se compra o se compra menos, también aumentan los precios, porque con la mercadería que sí se vende hay que cubrir el costo de la que se malvendió o se tiró por falta de demanda... y los costos fijos, que más pesan cuanto menos se produce. Subsidiar el consumo sin estimular la producción es una mezcla explosiva, quizás letal.
Como casi todo el dinero emitido se va a alimentos, los productores agroindustriales, que no tienen más remedio que recibirlo, corren enseguida al dólar, al igual que todos los pocos que llegan a vender algo. Los pesos emitidos a mansalva y regalados al voleo acaban, pues, fugados a dólares, en vez de invertidos y demandando trabajo. Es perverso, pero la emisión profundiza así la recesión en vez de reactivar la capacidad ociosa de la economía, primero y enseguida después la expansión necesaria para hacer frente a la mayor demanda que genera.
Como el contexto político, fiscal y laboral desalienta toda inversión, la oferta no crece. La demanda adicional hace subir los precios, con lo cual el consumo termina bajando en vez de subir, aumentando la pobreza. Es el tiro por la culata perfecto...
Esha confunde el efecto con la causa y cree que los precios suben porque sube el dólar y no porque se insiste en emitir masivamente cuando la economía está parada. Claro, la suba del dólar no deja de retroalimentar la inflación ya producida, hasta desembocar en la espiral inflacionaria clásica, que pulveriza los salarios, las jubilaciones... ¡y los propios subsidios!
En su frenético esfuerzo por postergar el estallido, Esha hace regalar las reservas, los bonos que respaldan los haberes de los jubilados y hasta endeuda al Estado para "anclar" el dólar. Cuanto más barato está el dólar, más tentador resulta, hasta excluir toda otra inversión, con un efecto recesivo feroz. Queda ahí, como un tigre dormido más, otro precio de los tantos que se mantienen "atrasados" a fuerza de déficit fiscal para seguir tratando de consumir sin producir y disimular un poco la inflación con la cual se manifiesta tamaño absurdo. Tarde o temprano un factor desencadenante cualquiera despierta a los tigres y todo salta por el aire otra vez, con la pobreza subiendo otro escalón... casi irreversiblemente.
Aún sin la inevitable crisis, el deterioro crónico de las ayudas en términos de poder adquisitivo vuelve a fomentar el descontento: hay piquetes furibundos para pedir AUMENTOS... ¡de lo que les regalan!
En su Reino del Revés, Esha consigue reventar al Estado, fundir la economía y destruir la moneda, todo con tal tener a su gente subsidiada... pero cada vez más hambrienta y enojada al mismo tiempo. La peor combinación imaginable.
Los jubilados, por su parte, están desesperados por la miseria que cobran, ya que las ayudas salen de sus haberes y el dólar barato sale del capital que los respalda. Son los grandes perdedores netos del proceso... ¡y son muchos! Votan todos y tienen más cultura política que la media de la población. Todo lo cual los haría simpatizar más con una oposición sensible a su problema, si la hubiera.
Con una oposición apenas despabilada basta para ganar en el contexto de semejante catástrofe. La esperanza es que sea el primer paso al CAMBIO profundo que todavía no supimos conseguir...