Somos una especie nómade: nadie es originario de parte alguna. Los que encontró y denominó la Conquista eran los últimos conquistadores de otros. Galos, romanos, visigodos ¿podrían disputarles Francia a los actuales sucesores de los francos?
Si por derechos ancestrales fuera, yo podría reclamar una docena de castillos en tres países de Europa, regados con la sangre de mis antepasados... que la derramaron para sacárselos a quienes los tenían antes que llegaran ellos. Algunos he visitado y he sido bien recibido, dicho sea en honor a sus propietarios actuales.
Es un disparate jurídico equiparar con la propiedad inmobiliaria civil de hoy al señorío feudal o a la muy relativa y extensa vinculación casi mística con la tierra característica de los pobladores de América anteriores a los europeos.
Lo de indios es una generalización, como lo de "españoles" o "blancos". Había multitud de grupos, que se peleaban y se oprimían entre sí, como cualquiera. Prueba está la feroz batalla del Maule, entre quichuas y mapuches, que relata el Inca Garcilaso de la Vega, de destacada actuación en la Corte Imperial de Carlos V, de quien era súbdito en absoluto pie de igualdad con tantísimos otros. Los europeos no irrumpieron en un feliz Edén, ni llegaron a evangelizar y civilizar por pura caridad.
Los "conquistadores" europeos fueron unos 200.000 en total y los "indios" millones. Fue más bien un aporte de tecnología bélica muy disruptiva a una alianza con unos indígenas contra otros, una intervención en favor de los últimos vencidos oprimidos contra los últimos vencedores opresores. Sin una gran colaboración local, ni América ni la India hubieran podido ser europeizadas. Poco después, ya se pudo ver a indígenas luchando junto a unos blancos contra otros blancos.
El hecho es que los Aztecas habían conquistado su "imperio" unos 200 años antes de la llegada de los nuevos pobladores que no eran todos españoles, ni todos blancos. Las tribus ferozmente oprimidas por ellos ayudaron a Cortés. La dominación de los Incas y de los guaraníes (se habla de una violenta "guaranización" de los tupíes) también era reciente cuando llegaron los "españoles".
En la expedición española del portugués Magallanes había nueve (9) nacionalidades. Gaboto, que fundó el Fuerte Sancti Spiritu, era inglés y se llamaba Cabot. Relató la primera fundación de Buenos Aires Ulrich Schmidl, súbdito alemán de Carlos V.
Los "indios" tampoco eran todos iguales ni todos buenos, ni todos enemigos de los europeos. Los blancos tampoco y ni siquiera fueron todos blancos. Hay una ciudad fundada por un mulato, con solamente dos españoles en la expedición, que además no ejercieron ningún cargo en ella. La "conquista" la hicieron indios, la "independencia" la hicieron españoles de todos los colores y el genocidio deliberado y sistemático lo hicieron las repúblicas cuando la inmigración, no la hispanidad ni la revolución.
No se puede dividir en buenos y malos a ninguno de los dos grupos: hubo encomiendas y misiones, mitayos y malones. Los Incas y los Moctezuma fueron reconocidos, ennoblecidos, condecorados con el Toisón de Oro y llamados "hermanos" por Carlos V. Todo cuajó en el mestizaje generalizado, sin el cual nada hubiera sido posible y gracias al cual el enfrentamiento dejó de tener sentido. Junto con la Marquesa Francisca Pizarro Yupanqui, el Inca Garcilaso de la Vega y demás, los hispanoamericanos de todo origen somos el resultado cultural de AMBAS corrientes, que se encontraron y se mezclaron, entre sí primero y después con otras, por la dinámica propia de acontecimientos hoy consumados. Conocerlos e investigarlos fortalece nuestra identidad y cultural, pero es absurdo juzgarlos y, por definición, resulta imposible cambiar el pasado.
El hecho es que España fue el primer Imperio global, de Filipinas al Danubio, de Oregón a Tierra del Fuego, de los Países Bajos a Sicilia, todo administrado minuciosamente. La plata era lo único que servía para comprar sedas, especias y tecnología a los chinos, para quienes los productos europeos eran rústicos y por ende poco interesantes. De Potosí y Zacatecas partía a Filipinas, dependencia del Virreinato de la Nueva España (México), desde donde el "tornaviaje" traía los tesoros de Oriente a Acapulco. A lomo de mula cruzaban al Atlántico y por él a Europa, durante 300 años.
Alguna envidia debía suscitar. Los ingleses al acecho solo capturaron un 3% de lo transportado por las Flotas de Indias (un despreciable 1% por siglo). El mestizaje fue la regla y el exterminio la excepción, como lo demuestra el 80% de población india o mestiza en países de mesoamérica contra 0,8% en EEUU.
Los indígenas actuales son miembros de sus comunidades por mero autorreconocimiento, una autopercepción puramente cultural, ya que las culturas indígenas nunca fueron racistas, cabe reconocerlo. Como muchos grupos culturales poco numerosos, eran muy endogámicos y recibían calurosamente a los extraños que quisieran sumar su genética, de forma pasajera o permanente, para gran regocijo de los europeos. Tanto el mestizaje como la enorme mortandad causada por la viruela y otras enfermedades que los conquistadores trajeron sin saberlo dejaron pocos indios genéticamente puros.
Quienes hoy se autoperciban indígenas y deseen preservar su modo de vida y su valiosa cultura ancestral podrían tener un derecho especial, jurídicamente reconocido, a deambular, cazar, pescar y realizar sus ceremonias en los lugares concretamente individualizados que puedan revestir para ellos un significado espiritual tal que ningún otro predio iguale. La creencia de que un lugar tenga cualidades únicas de tipo ancestral o místico es respetable, como todas, en el contexto de la libertad de culto. No habría problema en que así lo plantearan, solicitando el permiso correspondiente para realizar allí las ceremonias que quieran (salvo ejercicio ilegal de la medicina, especialmente en perjuicio de menores).
Nada de ello justificaría, por cierto, la reclamación de propiedad inmobiliaria civil y menos de jurisdicción territorial. Por supuesto, todos los daños se deben indemnizar y toda vía de hecho debe cesar inmediatamente con el legítimo ejercicio inmediato de la fuerza pública. En caso de flagrancia, las fuerzas de seguridad, y hasta los propietarios mismos, pueden actuar por sí y luego informar al juez competente.
Los descendientes de los antiguos señores feudales también podrían tener derecho a visitar los castillos donde guerrearon sus antepasados, quizás incluso a casarse o festejar un cumpleaños allí.
NADA DE ELLO COMPORTARÍA SINO UNA MÍNIMA RESTRICCIÓN DEL DOMINIO, CON LA DEBIDA INDEMNIZACIÓN, QUE CONFORME AL DERECHO ACTUAL CORRESPONDE A LOS PROPIETARIOS ACTUALES.
Reclamar propiedad inmobiliaria civil actual por vínculos espirituales ancestrales con la tierra es una especulación hipócrita. Mal hacen los jueces que otorgan a comunidades indígenas terrenos desarrollados, donde se realizan actividades públicas o privadas con legítimo provecho. Si dichas comunidades tienen el derecho o la necesidad de una extensión cualquiera de tierra para sustentar un modo de vida ancestral más o menos basado en la caza y la recolección, justo es que se les conceda un predio de tierras públicas improductivas, vírgenes, no mancilladas por la presencia del blanco, lo más parecidas posible al ambiente precolombino. Es absurdo revertir el desarrollo de predios donde mucho se ha invertido para lograr un cierto nivel de productividad. La eficiencia global del rendimiento general de las tierras argentinas no debiera disminuir para aplicar una política respetuosa con los derechos económicos de las comunidades indígenas.
Todo está falazmente mezclado, "falseado por malhechores para engañar a necios". Es pura tergiversación el frecuente parangón entre grandes propietarios inmobiliarios, civiles y privados, nacionales o extranjeros, como el inglés Lewis o el italiano Benetton (a quienes han tomado de punto sucesivamente) con individuos chilenos que han resuelto con todo derecho decirse mapuches. Unos y otros SON IGUALES ANTE LA LEY, sea que ejerzan sus derechos civiles, sea que cometan delitos violentos o económicos. No somos racistas ni xenófobos, constituimos orgullosa y deliberadamente un país plural, donde caben todos, con dos condiciones: una, que tengan BUENA VOLUNTAD y otra, que reconozcan habitar SUELO ARGENTINO, como se dice bien claro en el Preámbulo de nuestra Constitución.
Si Lewis, Benetton o cualquiera cometieron irregularidades, nada impide a estos u otros ardorosos militantes, sin discriminación racial ninguna, perseguir política, judicial y económicamente a quienes creen culpables. Mal que bien, el hecho es que los Benetton y los Lewis dan trabajo, pagan impuestos, reconocen la soberanía argentina y cumplen las leyes locales. Si no lo hicieran, o si un funcionario corrupto los hubiera favorecido ilegalmente, hay recursos pacíficos para rectificar la situación. Con sus aportes, como con los de todos nosotros, el Estado Argentino puede financiar mejor la política de preservar las interesantes culturas preexistentes a la Nación, como lo manda la Constitución.
Según el derecho actualmente imperante en la Argentina, ningún autorreconocimiento étnico o cultural le permite a una caterva de intrusos violentos apropiarse de vidas y haciendas, quemar instalaciones públicas o privadas, usurpar inmuebles u ocupar por la fuerza territorio nacional para reclamar allí jurisdicción o soberanía, rebelándose contra las autoridades argentinas legitimadas por la democracia.
Lo más peligroso de todo ésto es la reacción que a veces genera, tan racista y violenta como la acción original. Las cacerías de indios son hoy tan inaceptables como los malones. Falta una política racional y equilibrada, como en tantos temas.
Pretender "jurisdicción" sobre un "territorio" es rebelión contra el Estado Argentino. Los derechos humanos de TODOS y el respeto a la diversidad cultural se deben y se pueden combinar con el ejercicio pleno de la soberanía y la jurisdicción del Estado Argentino en TODO su territorio, del cual es ÚNICO titular. No hay ni puede haber "territorio" mapuche, porque el territorio es uno de los tres elementos del Estado, junto con la población, que hoy incluye a individuos autorreconocidos como mapuches, y el gobierno, que dichos individuos pueden elegir e integrar ejerciendo los mismos derechos políticos que todos tenemos, es decir solamente por la vías electorales. El derecho argentino, que se aplica a todo el territorio, impone el respeto la vida, a la propiedad y a todos los demás derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales, etc.
El respeto a la diversidad cultural es una obligación. Cederles a comunidades indígenas acreditadas y registradas, en ciertas condiciones distintas de la propiedad inmobiliaria civil (titularidad comunal, inalienabilidad, reversión, etc.), algunas tierras despobladas donde puedan recrear un estilo de vida que les puede gustar a sus integrantes y a otros indígenas autorreconocidos es viabilizar un derecho constitucional.
Por la Ley 26.160 del 2006 se suspendió la ejecución y los procesos de desalojo contra "comunidades indígenas originarias del país, cuya personería jurídica haya sido inscripta en el Registro Nacional de Comunidades Indígenas u organismo provincial competente o aquéllas preexistentes." Ello para "realizar un relevamiento técnico, jurídico y catastral de las Comunidades Indígenas y en caso de corresponder, de tierras ocupadas por las mismas de forma actual, tradicional y pública". El plazo vencía en el año 2010, pero se ha ido prorrogando hasta 2025. Hoy dicha suspensión está derogada y los desalojos que en derecho correspondan se pueden resolver y ejecutar con toda normalidad.
Con o sin desalojo, hay un abuso inaceptable en demorar el relevamiento por decenios y mientras tanto hacer una interpretación laxa de los términos "ocupación actual, tradicional y pública". Una cosa son comunidades indígenas registradas en el INAI asentadas en sus lugares desde siempre y muy otra cosa son las irrupciones incendiarias y violentas, o el ataque a una familia de turistas que almorzaba a la orilla de un lago. El colmo de los colmos es que se les pida permiso para tender un gasoducto. Por favor... la traza es de utilidad pública, se le expropia a todo el mundo y ya. Los mismo que le sucede a cualquier propietario superficiario de una concesión minera.
Atacar personas, incendiar puestos de Gendarmería, casas, hasta una motoniveladora son actos delictivos que en NUESTRO país no puede cometer NADIE, ni autorreconocidos Mapuches, ni el Rey de Inglaterra, ni Benetton, ni mi abuela tucumana. Juicio y castigo a los culpables. Eso es soberanía, lo demás es sarasa.
TODOS compartimos nuestra identidad: no seríamos quienes somos sin los indígenas, los conquistadores, los colonizadores, los afrodescendientes, los inmigrantes, etc. A los antepasados no se los juzga, el pasado es único e inalterable. Hoy, el desafío es convivir en paz con TODO el pasado, construyendo el mejor futuro posible.
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