INCENDIOS, MONTES Y DESMONTES
Hay leyes que obligan a reforestar los campos con cortinas perimetrales sobre rutas y caminos. No se suelen aplicar, a pesar de que las cortinas perimetrales no le quitan superficie a la producción y la benefician de varias maneras: cortan el viento, dan sombra, etc. Es indispensable actualizarlas y reglamentarlas, para encauzar el positivo sentimiento ecológico, cada vez más generalizado.
Lo actual es exigir que los desmontes dejen cortinas interconectadas de bosque nativo de más de 200m de ancho, o lo suficiente para que la fauna circule y para que el bosque nativo recupere el terreno cuando se deje de cultivar. Las tierras deforestadas son inmaduras y después de algunas buenas cosechas se agotan con relativa rapidez. Por eso se debe desmontar en damero, dejando entre el 50% y el 66% de reserva, donde los pueblos indígenas puedan seguir cazando, pescando y recolectando si optan por continuar su estilo de vida tradicional. Cuando se agoten los lotes desmontados en la primera vuelta, el bosque nativo se volverá a recuperar allí, también con relativa rapidez, a partir del banco de semillas del suelo, de las cortinas y de los refugios.
El incendio espontáneo es parte de la dinámica propia del bosque y resguarda la biodiversidad: con el tiempo, hay especies dominantes que van ocupando el espacio, tapando el sol, absorbiendo la mayor parte del agua y de los nutrientes, en fin, impidiendo que las demás broten. El fuego empareja la situación, al permitir que todas las especies arranquen de nuevo en pie de igualdad.
Tirar agua al fuego puede salvar una casa o algún lugar determinado manteniéndolo empapado, dando tiempo para salvar vidas humanas o animales. Extinguir un incendio forestal rugiente a fuerza de agua es poco probable, por más aviones hidrantes, camiones y bomberos que se desplieguen. Los incendios forestales se apagan si llueve, o cuando se acaba el combustible. La mejor manera de combatirlos o de prevenirlos, por lo tanto, es talar franjas para acotar los incendios a un sector y poder combatirlo desde los bordes.
Para desmontar hay que extraer de raíz, no talar ni quemar. Al picar y compostar la maleza o la selva se agregaría fertilidad al suelo, en vez de extraerla hacia la atmósfera. Quizás haciendo la cuenta del ahorro de fertilizantes químicos, su transporte, componente fiscal, etc. resultara más barato compostar o hacer biogás, que seguir quemando la roza. Los habitantes prehispánicos lo hacían, pero hoy hay otras tecnologías. Si con eso y con todo, resultara más económico quemar, pues la ley, los subsidios y los impuestos debieran cubrir la diferencia entre el bien individual y el bien común.
Ahora bien, las parcelas desmontadas para agricultura sirven de cortafuego, llegado el caso de un incendio espontáneo o accidental. La ganadería silvopastoril bovina, ovina o caprina también disminuye el riesgo de incendios forestales al impedir la acumulación de pastizal muerto y alto pisotear las ramas secas, acelerando su incorporación al suelo. El ganado fertiliza con sus deyecciones, además de limpiar al comer y pisotear. El bosque, a su vez, compensa las emisiones del ganado, al tiempo que protege de las heladas y de los solazos a los animales y al pasto tierno comestible que rebrota.
Cuando se trata de producir madera, el costo de talar un bosque implantado que el ganado limpió es mucho menor, tanto en dinero como en la huella de carbono que dejan el combustible de las máquinas y las demás tareas. Cabe puntualizar que son los árboles en crecimiento los que secuestran más dióxido de carbono que oxígeno, haciendo un aporte neto positivo a la atmósfera. Los árboles adultos consumen por la noche el oxígeno producido durante el día y los añosos consumen más oxígeno del que producen. Además dos de cada tres árboles jóvenes se "ralean" (a los tres y a los seis años, por ejemplo) talando los menos aventajados y dando a los mejores todo el espacio que necesitan para expresar su potencial en plenitud. Siempre que se respete al bosque nativo en las cortinas de circulación y en las reservas de recuperación que corresponda, la rotación con especies frutales o forestales puede complementar o reemplazar los ciclos agrícolas. Lo verde y joven no arde con facilidad, lo viejo y seco se quema y propaga el fuego, devolviendo súbitamente a la atmósfera buena parte del carbono secuestrado durante siglos.
La tecnología y la reglamentación pueden y deben conciliar el Desarrollo con el Medio Ambiente. Es un tema de vida o muerte, literalmente. Lograr el equilibrio requiere mucha sabiduría y una gran responsabilidad, virtudes que nuestro sistema político por cierto no incentiva. La política juega a la confrontación, que gana el más fuerte y no el que tiene razón. Ni el santuario ni la depredación son socialmente sostenibles.