Si matar gente fuera la solución, este país sería un paraíso terrenal. Sangre ha sobrado en la Argentina, desde el fusilamiento de Liniers y los degüellos de las guerras civiles, hasta la última subversión y su consiguiente represión.
El hecho comprobado una y mil veces es que esas soluciones "fáciles" y "rápidas" no han traído más que ignorancia, desgracia y miseria para todos, hayan sido protagonistas o no. Quien a hierro mata, a hierro muere. Comerse a los caníbales no soluciona el canibalismo, lo multiplica.
En su afán de imponer su visión del orden, el violento destruye todo, empezando por la ley y terminando por él mismo. El ignorante fracasa, por más que se esfuerce. El haragán se agota tratando de no trabajar. El esclavo nunca se beneficia, por más capaz y trabajador que sea.
Lo único constructivo es el trabajo pacífico, inteligente y libre. Esa debe ser nuestra fórmula.