Los que saben, aprueban; los que no, también.
Los que trabajan, cobran; los que no, también.
Los que aportan, se jubilan; los que no, también.
Los presos cobran más por mes que los jubilados, amén de casa, comida, todos los servicios públicos (luz, gas, etc), médico, remedios, internaciones, educación, teléfono, televisión, etc. Ah, y libres de impuestos. Ir preso no da miedo, casi da ganas.
Los que deben, ganan; los que invierten, pierden.
A los que exportan, los esquilman; a los que importan, los subsidian.
Ahorrar es ruinoso; endeudarse es regalado.
Pagar impuestos directos y progresivos es casi voluntario; deberlos es rentable y casi impune.
Los impuestos indirectos y regresivos son fáciles de recaudar; pero diseminan el hambre entre los pobres.
El Banco Central dice que el dólar vale una miseria: todos le compran y nadie le vende. Claro, se le acaban.
Entonces sale a pedir prestado, hasta que ya nadie le presta más. No importa, imprime plata para estimular el consumo mientras se desalienta la producción. Como todos quieren consumir y nadie produce, los precios suben. Cuando se agotan las existencias y las reservas hay desabastecimiento.
¡Qué malos son los especuladores!
Ésto es lo que viene después de insostenible, una guerra suicida de la pedantería contra el sentido común. Los costos de cambiar son inaceptables y aumentan día a día. Nadie va a hacer nada decisivo, así que el proceso estallará por sí solo cuando alcance el punto crítico.
Los locos son disfuncionales aun para su propio proyecto. Los K caerán solitos, rompiendo todo en el proceso. Pasó con Hitler, que mató a muchedumbres de soldados propios y ajenos durante el último año de la guerra, por seguir peleando cuando ya no podía ganar. A la larga, la realidad se impone: cuanto antes se deja de negarla, menos duele afrontarla.
Consuela ver dónde está Alemania ahora. Eso sí, mucha paciencia, no interrumpir el duro aprendizaje del pueblo so color de protegerlo ahorrando costos. No repetir el favor que se le hizo a Perón en el 55.
Cuanto más contundente e ilustrada sea la oposición, mejor, más rápido y con menos sufrimiento se llegará al final. Pero los regímenes implosionan más por sus propias deficiencias que por la potencia de sus adversarios. Tampoco hay que olvidar que la oposición es torpe, muy torpe a veces, aunque infinitamente mejor que el oficialismo.
Para llegar a un gobierno medianamente bueno, hay que reformar la educación, los partidos, la administración, la justicia, las leyes laborales, sociales y previsionales, los impuestos, etc. No creo que eso vaya a suceder y menos que nosotros lleguemos a verlo...
En fin, todos los problemas son problemas de educación. Con estas tecnologías nos enseñamos todo el tiempo unos a otros. Eso abrevia el proceso, sin contar que el hambre también enseña. Para quienes no pueden aprender están el hospicio, la cárcel y el cementerio.