LAS OBLIGACIONES DE CUIDARSE
El dilema entre la libertad de todos y la tutela del más débil, del menos consciente o del menos previsor existe. Lo zanja un equilibrio delicadísimo de una normativa tutelar que busca proteger al individuo contra sí mismo, obligándolo por su propio bien a atender un interés particular, dada su relación intrínseca con el bien general.
Así existen paradójicas obligaciones de cuidarse, como por ejemplo la vacunación obligatoria, la escolarización obligatoria, la jubilación obligatoria, el seguro obligatorio de salud, del auto contra terceros, de los edificios contra incendios. Tales imposiciones tienen su lógica, pero también es cierto que la demanda cautiva da lugar a abusos de los oferentes. Además, la contradicción implícita en tales obligaciones de cuidarse suele llevarlas a evolucionar hasta un cumplimiento tan mínimo y formal que acaba por desnaturalizarlas y frustrar su objetivo.
EL SINDICALISMO ARGENTINO
Los socialistas democráticos del 1900 crearon un sindicalismo libre de adultos y de iguales, con énfasis en la organización voluntaria, en las cooperativas y mutuales, en las universidades y bibliotecas populares y en las demás formas de promoción del trabajador. No se trataba de proteger a un trabajador infantil considerado como un desvalido crónico y definitivo. Se trataba de promoverlo en los hechos hasta igualarlo económica, social, cultural y políticamente con todos los demás integrantes de una sociedad abierta y progresista.
Si para ello alguna normativa legal hizo falta, la acción de los legisladores electos democráticamente gracias a la acción política del Partido Socialista la fue logrando. Si para ello resultara indispensable alguna coerción para alinear elementos anárquicos o alguna huelga intensa contra patronales recalcitrantes, no se rehuyó la lucha. Sin embargo, la vocación de los trabajadores socialistas era valerse por sí mismos, ayudándose mutuamente para integrar una sociedad libre, igualitaria y fraternal, no conformar una clase monolítica, violenta o dictatorial para obtener privilegios extorsionando a los demás sectores.
En la década de 1940, todo ello resulto cortado de cuajo (junto con los atributos de algún dirigente sindical) y violentamente barrido para reemplazarlo por sindicatos oligárquicos, mafiosos, corruptos y entreguistas, funcionales al proyecto personal de un líder militar en ciernes. Con vocación más política que gremial, funcionaron por sobre todo como la Tercera Rama del Movimiento. ¹
Fueron concebidos en un contexto fascista y corporativo para politizar, movilizar, controlar y disciplinar a los trabajadores, so capa de "protegerlos" mediante toda suerte de dádivas y abusos disfrazadas de "derechos". Todo le correspondía como botín a la clase vencedora de una lucha caníbal y suicida que, lejos del esfuerzo o de la superación, festejó por decenios la pobreza del descamisado, la ignorancia de la alpargata y hasta la inmoralidad del líder, que tan bien rimaba con "ladrón". El verticalismo sindical privilegiado y autoritario fue tan eficaz que acabó por gangrenar la política, la justicia, la escuela, la salud pública, la previsión social y hasta la propia situación laboral, hasta evaporarla en la informalidad.
Ahora se ha derogado de un plumazo la obligatoriedad de los aportes sindicales, que dependerán exclusivamente de la decisión expresa de los afiliados voluntarios. Quedarán en adelante sujetos a la demanda conciente y libre de servicios de representación, progreso y bienestar, sin el carácter de tributos feudales que tuvieron hasta ahora. La amputación es un remedio heroico: puede ser indispensable para salvar la vida, pero al paciente le cuesta el miembro. Es de esperar que del muñón se pueda recrear el necesario sindicalismo superador, tan libre como fuerte, tan democrático como eficaz en su función igualadora.
Con o sin él, los trabajadores argentinos van a tener que responder de algún modo a un desafío enorme. Deberán encarar con urgencia un proceso de formación y reciclaje para integrarse con provecho a la nueva matriz productiva de un futuro inminente. Con sus dirigentes a la cabeza o con la cabeza de sus dirigentes...
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¹ El estado peronista se sostuvo como el centro de un equilibrio inestable entre el ejército y los sindicatos (obreros en principio, pero patronales también). Amenazaba la huelga con el golpe y al golpe con la huelga. La democracia llevó las tensiones al plano electoral, neutralizando a las dos corporaciones, que trataron de reciclarse formando partidos. Como los equilibrios entre tres fuerzas o más son muy inestables, el elemento militar perdió protagonismo y el estado democrático pasó a equilibrar las tensiones entre los partidos patronales y obreros. Ambos evolucionaron hacia el populismo.