Rusia atacó a Ucrania cuando acababa de cerrar el tratado más abarcativo de la historia con China, que quizás esté usando todo ésto como un globo de ensayo. Primero, mandó su cuzco ladrador de Corea del Norte, pero Trump lo acalló con su voz firme... y creíble. Ahora despacha su oso gruñón a provocar al tibio Biden para ver qué hace ahora el supuesto hegemón cuando se le encaja un buen pinchazo. Aunque China está más volcada hacia lo económico y juega a muchas puntas, enseguida mandó unos cazas a sobrevolar Taiwán, sobre la cabeza de Nancy Pelosi. Como para despejar dudas sobre su propio objetivo y recordar a todos que tiene un ejército de un millón de hombres.
Dada su enorme y creciente envergadura, resulta lógico que China quiera influir más en el nivel planetario, con avances por la Ruta de la Seda sobre los terceros países que le interesen. Sin embargo, no parece que China vaya a ser muy generosa ni empática con sus socios. Si no se juega por su propio Taiwan, no es probable que se juegue por la expansión territorial de Rusia. Menos probable todavía es que, por el momento, realmente quiera debilitar a su gran deudor, los Estados Unidos, ni a sus inversores y clientes occidentales. China es su propio bloque, no se va a alinear con nadie.
Estados Unidos andaba con la sangre en el ojo porque Alemania contribuía poco a la OTAN y se gastaba lo economizado comprándole energía a Rusia. Con ésto, la disciplinó y la encuadró firmemente. En un año, Alemania hizo siete plantas de regasificación, y sigue viaje. Se tendrá que abastecer por barco de los árabes, pero mejor del shale gas estadounidense... ¡o argentino!
Los rusos están sancionados con un tope al precio de su petróleo; del gas, sin los gasoductos, ni se habla. Sus compradores chinos e indios (por camión) respetan el tope a rajatabla. Hay quien refina petróleo ruso y vende los derivados, hay quien lo trasborda en alta mar, pero de todo eso los rusos no cobran. El gobierno ruso le cobra impuestos a la empresa estatal según la cotización del barril Brent, no la del los Urales, muy inferior. Todo muy poco sostenible a largo plazo.
Putin habrá querido una victoria fácil para zanjar definitivamente una expansión crónica hacia las "aguas calientes" del sur, viejo objetivo zarista y soviético, hoy bastante trasnochado, porque en todo caso la llave la tiene Turquía, que occidente sostuvo ayer en la Guerra de Crimea y hoy, quizá por lo mismo, es UE y OTAN. Quizás por ser una movida relativamente inofensiva, mal no le iba a Rusia: deya se había anexionado Crimea y ahora estaba ocupando un corredor de acceso en el Donbas, donde Ucrania la hostigaba desde hacía tiempo, sin mayor éxito.
Si la solicitud de Ucrania para ingresar a la UE, para la cual no califica, y a la OTAN, asustó tanto a Rusia, pues ahora Suecia y Finlandia ya se están uniendo a la OTAN. Con Ucrania o sin Ucrania, Rusia está bien encerrada en el Báltico y en el Mar Negro. Le queda el Pacífico, muchísimo mas peligroso y caliente para Estados Unidos, porque allí está China, que aspira a Taiwán, con su ladera Corea del Norte, etc.
En las circunstancias actuales, el único recurso de superioridad occidental aplastante es la alta tecnología militar, como el EA-18 G GROWLER. Si hubiera aparecido de golpe algo tan disruptivo como el Domo de Hierro que opera en Israel, capaz de impedir el avance, Rusia hubiera hecho el papelón de no poder siquiera entrar y los Estados Unidos se hubieran afirmado en su rol de gendarme mundial. A un año de la invasión, algo por el estilo le está aportando a Ucrania Israel, con cuidado porque no quiere irritar a Rusia, a quien tiene operando ahí nomás, en Siria. El riesgo nuclear inhibe a todos, pero hace muy larga y sangrienta la guerra. Ucrania puede ser el Vietnam de Rusia. Para Occidente, el objetivo puede ser no tanto la supervivencia de Ucrania sino más bien la caída de Putin, quien a su vez quizás haya buscado en Ucrania más bien influencia que seguridad: hoy la OTAN no necesita bases en Ucrania para atacar a Rusia.
Aunque Rusia entró, poco, en el territorio ucraniano, el papelón lo hizo igual, porque Ucrania sigue resistiendo y no termina de caer, mientras el mundo va movilizando un apoyo creciente, por todo lo cual el tiempo juega en su favor. Por eso, a Rusia le conviene cerrar rápido un acuerdo, ya que seguir escalando sería mucho más difícil, sangriento, largo... y cada vez más costoso, tanto directa como indirectamente, por las sanciones. Llegar a lo nuclear sería tan suicida que hasta China reaccionaría. Putin parece ser más sicópata que irracional, por el momento.
Toda reacción efectiva sería una sorpresa agradable, pero Biden ya dijo que no iba a combatirlo directamente. Al mismo tiempo, USA amplió la zona de exclusión aérea a Bielorrusia y a una parte considerable de Rusia, además de Ucrania, ya cerrada por Putin. Una de cal y una de arena. Cabe aclarar que la exclusión de todo tráfico en un espacio aéreo no es una sanción, sino una medida para resguardar a terceros en el caso de un ataque. Lo mismo que decirles a todos los ciudadanos estadounidenses que dejen Rusia. Dos de arena...
¡No pasarán! dicen los ucranianos, y por el momento lo logran, pero las heroicas Numancias finalmente caen... La UE y la OTAN, hasta ahora, parecen haber entregado a Ucrania. Dicen que se lo van a hacer pagar caro a Putin, pero hoy por hoy los que sufren son los ucranianos...
El primer castigo de Putin es que los ucranianos prefieren morir con las armas en la mano a vivir bajo su influencia. Que occidente prometa subirle los costos a Putin no les devolverá su oportunidad europea a los pobres ucranianos. Hoy, la bella y rica Ucrania, que el mundo apenas sostiene, lucha con desesperada valentía por su aspiración de pertenecer a una Europa que hace lo mínimo indispensable para defenderla. Su política no habrá sido ejemplar, pero no por ello se merece una invasión así. Los ucranianos están resistiendo con todo lo poco que tienen, y lo bastante más que les mandan. Por cierto, no están recibiendo con flores a los rusos como dicen los medios censurados de Rusia.
Lo único que saben los ciudadanos rusos es que no pueden comprar dólares y que en cualquier momento los pueden mandar al frente. Que el Bitcoin no hace más que recibir grandes órdenes de compra en rublos. Que 1400 empresas cerraron sus operaciones en Rusia, con una secuela de desempleo y emigración de gente calificada. Que 800 científicos se animaron a firmar una solicitada contra la invasión. Que sesenta mil rusos han huido para evitar la conscripción, sobre trescientos mil convocados, lo cual equivale a unas bajas feroces, sin haber siquiera empezado a reclutar. La realidad es que NADIE quiere vivir bajo el régimen de Putin, ni siquiera los propios rusos, a juzgar por las protestas callejeras antibélicas, que se animan cada vez más a desafiar la feroz represión, tan inevitable como inmediata.
Siempre se puede apoyar una larga insurgencia guerrillera tipo Vietnam o Afganistán para ir desangrando a Rusia en Ucrania, mientras de un golpe se le amputan sus activos occidentales, se congelan la mitad de sus reservas y se la estrangula excluyéndola totalmente de las redes de pagos y de transporte. Putin es cazador y sabe que un bulldog morrudo, bien prendido a la yugular, acaba por abatir a un oso. Eso podría suceder, pero en lo inmediato es difícil disuadir a un oso con ladridos.
Las sanciones económicas funcionan a largo plazo, cuando funcionan: en Rhodesia del Sur y en Sudáfrica funcionaron. En Cuba más o menos. Las "importaciones paralelas" son básicamente triangulación. Castro se ufanaba de que el embargo de EEUU le encarecía las importaciones sólo en un 5%. Triangulaba vía México. Un importador mexicano compraba al fabricante con la cláusula, obligatoria en EEUU, de no revender a Cuba y de imponerle la misma restricción a todo sucesivo adquirente de la mercadería. Ésta se vendía en México a otra empresa mexicana o no, de capital cubano, con la misma cláusula, que la segunda empresa (o una tercera, o una cuarta, en fin, la empresa "fusible") incumplía en algún punto, transfiriendo SIN la cláusula a la empresa que en definitiva mandaba desde México la mercadería para Cuba, legalmente. ¡Listo!
No tan listo: En Cuba falta de todo... no por el embargo, sino porque Cuba no tiene DÓLARES. ¿Por qué no tiene dólares? Buena pregunta, pero fundamentalmente porque EEUU no la quiere y la saca del circuito monetario y financiero. ¿Se podrá hacer lo mismo con Rusia? Difícil, pero no imposible, porque al fin y al cabo la Unión Soviética jamás pudo evitar que EEUU fundiera a Cuba. Rusia no es ni la sombra de la Unión Soviética. Se podría decir que es algo parecido a lo que sería EEUU si se anulara la compra de la Louisiana y hubiera perdido la guerra con México y quizás la guerra de Secesión... pero tiene la bomba nuclear.
Patton en 1945, con una masa impresionante de recursos militares ya puestos en Europa, quería volver por Alaska y de paso arrasar con la URSS... Roosevelt dijo que a una aliada no se le hace eso, que igual EEUU siempre sería más poderoso, bla, bla, bla. Bismarck en cambio, se lo hizo a Austria sin pestañear, y era un país hermano, aliado muy reciente y muy exitoso contra Dinamarca. Ahora es tarde para eso, muy tarde...
Los rusos son aguantadores y siempre anduvieron con hambre. Los recursos de Ucrania y su tierra negra les han de ser irresistibles. Las reservas monetarias rusas son siderales (aunque la mitad quedó embargada fuera del país) y los modos de eludir bloqueos financieros existen, como se ha detallado, aunque son rudimentarios, lentos y caros. La aliada China puede dar una gran mano, especialmente consumiendo petróleo y gas ruso en vez de carbón, aunque ni ella puede cambiar su matriz energética de un día para otro. Los gasoductos están saboteados y además no van para ese lado, los camiones tardan semanas y, a falta de otros compradores, China e India le han bajado el precio hasta rozar el costo ruso, que es alto, más del doble que el de Arabia Saudita.
Nadie está ciego a las pasadas falencias del gobierno de Ucrania. Dentro de la relatividad de las cosas, es sin embargo sensato defender a la parte que pretende ofrecer más libertades individuales... Por desgracia, Biden es más un remedo de Chamberlain que un intento de Churchill. Inglaterra está en una borrachera con el brexit de Boris Johnson. En Europa, Francia habla sola y Alemania juega, o jugaba, a dos puntas, con menos miedo al frío que un recuperado impulso de rearmarse, algo que no deja de alarmar. Los países del Báltico tiemblan y corren a aferrarse a la OTAN, que está por incorporar a Suecia, con su gran industria de armamentos y su poderosa fuerza aérea, y a Finlandia, con un ejército escalable rápidamente a un cuarto de millón de hombres.
Aunque Rusia "ganara" en Ucrania, el tiro ya le ha salido por la culata. De poco sirve Crimea, embotellada por Turquía en favor de la OTAN al controlar el Estrecho de los Dardanelos; ahora le pasa lo mismo en el Báltico, así que Rusia no puede ya ni soñar con Gotland y su Kaliningrado quedará aislada para siempre. Putin quiso imitar a Pedro el Grande y en cambio deshizo su obra, además de la de Catalina: ni por las aguas frías, ni por las calientes, ni por el Ártico podrá ahora asomar Rusia hacia Occidente. Hacia Oriente, China le bloquea toda expansión, sometiéndola de hecho a vasallaje: desde que es un paria para Occidente y encima se quedó sin los gasoductos, le tiene que vender su petróleo barato, casi al costo, al precio tope con el cual la sancionaron.
La ironía es que Putin logró, paradójicamente, el avance de la OTAN que dijo querer evitar: después de su agresión militar, ninguno de sus vecinos se siente seguro sin la OTAN, que a su vez no se sentirá segura mientras gobierne él. De paso, fortaleció a la OTAN, galvanizó a la Unión Europea y remilitarizó a Alemania. Putin le pide al ejército de Ucrania que deponga a su heroico presidente democrático, sin pensar en lo aterrados que estarán los generales rusos que calcularon todo tan mal: antes de marchar individualmente hacía sus respectivos suplicios, bien se les podría ocurrir cargarle toda la culpa del fiasco a Putin y deshacerse de él. No ha podido tomar Kyiv, está atónito ante una contraofensiva muy ofensiva por cierto, tiene el mundo en contra, tiene su economía en picada, tiene a sus oligarcas furibundos y tiene el frente interno comprometido tanto en lo popular como en lo castrense. Lo único que se le ha ocurrido es reiterar en cuatro distritos los plebiscitos encañonados que mal funcionaron en Crimea, para escalar un poco el conflicto, justificando la conscripción y la amenaza nuclear, que se podría concretar en un "accidente" por tirarle a la planta nuclear, o por dejarla sin refrigeración volando una represa. Ambas estrategias se contradicen y ni él las cree. Los europeos tiritan de frío y de miedo. Por el momento, apagan la Torre Eiffel, racionan la energía y compran iodo contra la radiación, aunque contra la inflación están inermes; por lo visto, piensan resistir. Alemania ha construido en tiempo récord siete enormes plantas regasificadoras de Gas Natural Licuado, Francia reactivó plantas nucleares, España se abastece de Argelia. Peor para Rusia, imposible.
Con Rusia de reserva atrás, y la India de ladera, China y su G5 serán imparables. Con la OTAN reforzada por Europa, los Estados Unidos podrán desplegar todo su vigor en el Pacífico. Esperemos que sobreviva a pesar de que el consumismo sibarita es su talón de Aquiles. No será lindo vivir en un mundo dominado por China y Rusia: trabajo esclavo, estado policial, dictadura férrea, oligarquía mafiosa. ¿Se entregará la libertad por el proverbial plato de lentejas?
La Argentina, una vez más, se beneficia de rebote. Su geografía, en el doble sentido de ubicación y de recursos, no solamente la pone al margen de los daños, sino que le da ciertas ventajas comerciales coyunturales. Por lo pronto, los cereales vuelan... pero el gas importado también. El gasoducto criollo se inaugura a mediados de 2023. En Vaca Muerta, los costos ya están por debajo de los de Estados Unidos. ¿Será una segunda pampa húmeda?
EN TORNO A LA SOLUCIÓN
La gente pelea porque tiene ganas de pelear, de dominar a otros y sobre todo porque cree que puede ganar. Como Galtieri, Putin supuso que podía repetir su éxito en Crimea, que Ucrania no iba resistir, que Occidente no iba a reaccionar y que su ejército estaba tan bien como le decían. Para solucionar problemas, en cambio, hay que conversar, imaginar, incluso hasta soñar.
Desde un punto de vista técnico, el derecho de Ucrania a su integridad territorial es indiscutible. Ni China por Taiwan, ni la Argentina por las Malvinas, ni nadie en general puede aceptar el derecho de secesión de territorios ucranianos por más habitantes de identidad rusa que allí haya. Para el caso, un millón y medio de ucranianos viven en Polonia y es obvio que la comunidad internacional no aceptaría que Ucrania invada Polonia para ahorrarles la molestia de hablar polaco.
Hay muchos países donde conviven sin mayores problemas identidades muy diferentes. En Bélgica los flamencos se las arreglan con los valones de habla y cultura francesa. En Suiza, alemanes, italianos, franceses y hasta romanches disfrutan juntos de una paz y una prosperidad envidiables. Por último, Canadá es bilingüe y en la América toda medran comunidades de origen indígena, africano, chino, coreano, japonés, judío, árabe, turco, hispano, germano, anglosajón y demás, que conviven recibiendo y a veces imponiendo el debido respeto a sus respectivas culturas, bastante dispares por cierto.
Para cualquier observador desapasionado, resulta evidente que Rusia tiene la obligación de respetar la independencia política y la integridad territorial de Ucrania. También es obvio que Ucrania debe a su vez respetar estrictamente el derecho a la identidad y a la expresión cultural de todos sus habitantes, sean éstos miembros de mayorías o de minorías en las distintas zonas del territorio, ello sin mengua de su legítima soberanía y jurisdicción sobre todo él.
La receta, pues, es el respeto por el otro. Los condimentos son a gusto del consumidor.
Todo lo demás es autoritarismo, intolerancia y ambición brutal en busca de pretextos que nunca faltan, pero nada justifican.