sábado, 24 de agosto de 2024

RESUCITÓ UNA DEUDA VIEJA...

La Segunda Instancia de Nueva York confirmó lo dispuesto por la Jueza Loretta Preska, sucesora de Griesa, en el sentido de que un remanente de bonos vencidos del Tesoro estadounidense que la Argentina tiene depositados en la Reserva Federal de los Estados Unidos desde 1989 no están amparados por su inmunidad soberana. Dichos Bonos del Tesoro se habían debido adquirir y, EN FORMA VOLUNTARIA, dejar en una cuenta indisponible, cuya titularidad pasaría automáticamente a los entonces nuevos acreedores en caso de mora de los entonces nuevos bonos argentinos. Se trata de una modalidad típica del derecho anglosajón llamada escrow que es más que un derecho real de garantía, es una transferencia  sujeta a una única condición suspensiva, que en el caso es la mora.  Fue una de las particularidades del antediluviano Plan Brady (1989).

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https://www.google.com/search?q=brady+plan&oq=brady+plan&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyCQgAEEUYORiABDIICAEQABgWGB4yCAgCEAAYFhgeMggIAxAAGBYYHjIICAQQABgWGB4yCAgFEAAYFhgeMggIBhAAGBYYHjIICAcQABgWGB4yCAgIEAAYFhgeMggICRAAGBYYHjIICAoQABgWGB4yCAgLEAAYFhgeMgoIDBAAGA8YFhgeMgoIDRAAGA8YFhgeMggIDhAAGBYYHtIBCDg4NzJqMGo3qAIUsAIB&client=ms-android-motorola-rvo3&sourceid=chrome-mobile&ie=UTF-8

Tal adquisición y el depósito en dicha cuenta, contratada, abierta y mantenida por la Argentina al efecto constituyó una "actividad comercial" que, según la jueza de apelación, excluye en el caso a dichos bonos de la inmunidad genérica de la cual gozan los bienes públicos de los estados extranjeros como tales, entre ellos las reservas del Banco Central, conforme al derecho de los Estados Unidos.

Así resultan accesibles para los tenedores de esos bonos impagos en particular los valores entonces depositados, precisamente para afrontar dicha eventualidad. No se trata en sentido estricto de un "embargo", sino del perfeccionamiento de una transferencia que la Argentina entonces pactó, por estar ahora cumplida la condición suspensiva. Son "apenas" 450 millones de dólares, monedas en comparación de las decenas de miles de millones debidos por otras obligaciones..

Los actores son holdouts de holdouts de holdouts, un resto de bonistas recalcitrantes que no entraron en ninguno de los múltiples canjes posteriores. Hoy ya no podrían existir, porque los bonos nuevos tienen una cláusula conforme a la cual si un determinado porcentaje de los tenedores de dichos bonos, por lo general el 75%, acepta reestructurar la deuda, el porcentaje restante, digamos el 25%, queda obligado a hacerlo también.

En concreto, se trata de un caso muy excepcional, rémora de otra era geológica, casi imposible de repetir. No es una violación de ninguna inmunidad soberana, es la ejecución de un contrato bancario particular celebrado libre y voluntariamente por la Argentina. No será una buena noticia, pero tampoco una tragedia.

domingo, 11 de agosto de 2024

ES ABSURDO QUE EL ESTADO SE ASEGURE

 No tiene sentido que el Estado asegure sus bienes. Es tan solvente como cualquier aseguradora y los grandes números le funcionan igual o mejor.

Es previsible que algunos de los miles y miles de bienes que tiene el Estado padezcan o produzcan daños. En tal caso, pues el Estado afrontará directamente los costos que le corresponda pagar. Siempre serán mucho menos que las primas millonarias y constantes de contratar masivamente tantísimos seguros.

Los seguros de vida negociados colectivamente para beneficiar al personal nunca deben ser obligatorios. Si son voluntarios, ¿qué quiere decir que le "dan" Cancillería o Fabricaciones Militares a un corredor ("broker")? Todas las compañías de seguros interesadas debieran poder hacer llegar, directamente si fueran pocas o mediante licitaciones si fueran muchas, propuestas de seguros colectivos a los organismos para difundirlas entre el personal, de modo que cada funcionario pueda optar por la que le parezca mejor, o por ninguna. Lo mismo sucede con los seguros de vida ligados a créditos: con dos o más opciones son aceptables, así el deudor no deja deudas a sus herederos.

Si por alguna razón formal, se llega a entender, con más o menos tino, que el Estado deba incurrir en el gasto administrativo absurdo de contratar seguros, lo único justificable es que lo haga con una entidad también estatal, para que el enorme volumen de fondos no salga de su patrimonio, que es el nuestro. Es como sacarse plata de un bolsillo para ponerla en otro. Eso sí, para concretar semejante autoseguro es incomprensible que el Estado emplee corredores, productores o asesores de seguros para intermediar entre dos entidades propias: la asegurada y la aseguradora, tan estatales la una como la otra.

Todos los millones pagados en comisiones a íntimos del poder no son más que pretextos para apropiarse de fondos públicos. Tales fondos nos pertenecen a todos y tienen destinos tan sagrados como la salud, la educación, la justicia, la seguridad, la diplomacia, etc. Desviarlos de ellos es más que una necedad administrativa es un crimen político.


lunes, 5 de agosto de 2024

¿REFINANCIACIÓN, MALABARISMO O MORA?

Hay varios vencimientos de deudas diferentes que suman unos 17.000 millones de dólares hasta fines de 2025. Con reservas brutas de unos 27.000 millones y las netas de depósitos y préstamos negativas en unos 6.000 millones, dichas obligaciones son hoy prácticamente imposibles de cumplir con desahogo.

Su refinanciación es lo lógico, pero depende de los acreedores mismos, de los organismos internacionales de crédito y hasta del mercado voluntario de pases a corto plazo, o sea de ventas de bonos, o del oro mismo, con un pacto de retroventa (a un precio fijo, algo mayor, que representa los intereses), lo que se llama en inglés repurchase agreements (REPOS).

No es de suponer que haya una mora o default deseada, contumaz, larga y duradera como las anteriores, pero el mero RIESGO de impuntualidad se puede manejar como una "amenaza" no explícita pero sí muy clara que hasta ayudaría a conseguir mejores condiciones para refinanciar los vencimientos.

Refinanciar la montaña de deuda heredada (y quizás contraer alguna más para ir tirando con menos sufrimiento) no es fácil, pero quien se encarga es un artista en eso. Si con más o menos costos lo logra, quedará como un prócer. Si todo vuelve a saltar por el aire, será lo de siempre, pasará lo que iba a pasar de todos modos. No hay mucho que perder. Sabemos que los pases de magia financiera no son suficientes, que en el mejor de los casos no sirven más que para ganar tiempo...

Lo que ayuda es que esta vez hay posibilidades muy reales de poder culminar las reformas monetarias, financieras, fiscales, laborales, desregulatorias y normativas internas. Sturzenegger está en eso, quizás lo vaya logrando en paralelo.

De la sangre nos libramos, ahora la recesión nos tiene en el valle de lágrimas, de donde  sólo el sudor nos podrá sacar. Los equilibrios y las reformas son necesarios, pero no suficientes. Para pelearle a la recesión tenemos que ponernos todos a invertir y a trabajar de una buena vez, y así generar los enormes flujos exportadores de alimentos, energía, conocimientos, etc. potencialmente realizables, que ya se vislumbran con bastante claridad. La Argentina siempre pudo presentar un futuro prometedor. Hasta ahora, siempre se lo gastó a cuenta y dejo pagando a quienes confiaron en ella.

Hoy, como siempre, confiamos en que esta vez será diferente. El gobierno está generando equilibrios y reformas; los privados, inversiones y trabajo; todo culminará con las grandes exportaciones que serán la locomotora de un desarrollo sano y sostenido. Se está avanzando lo más rápido posible para que efectivamente todo ello suceda. Hasta lograrlo, es lógico recurrir a cuantos malabarismos financieros sean necesarios. Equipo, hay.

En fin, nunca se siente tanto la oscuridad como justo antes del amanecer.

PAGAR LA FIESTA

En la Argentina, desde hace casi un siglo, nuestro estilo de vida y bienestar no es acorde a nuestros números macroeconómicos. En parte se puede explicar por la enorme y pujante economía informal. En parte, por políticas populistas de gastar sin recaudar.

Alguien paga la fiesta. SIEMPRE. Consumir riqueza acumulada, expropiar y socializar rentas, succionar inversiones extranjeras directas sin recupero y tomar deuda externa sin devolución regular, todo ello aplicado sucesiva o simultáneamente, conformó un primer ciclo que permitió consumir a cuenta por mucho tiempo, quizás demasiado. A fuerza de nunca pagar en tiempo y forma, dicho ciclo se agotó y entonces empezamos a robarnos entre nosotros directamente mediante la emisión, que sin crecimiento resultó inflacionaria. Hoy los enormes sectores de la población sumidos en la pobreza, la indigencia y el hambre son quienes están pagando su fiesta de ayer y la de algún transnochado que todavía insiste en seguirla hoy, encaprichado en su monomanía de borracho.

La última etapa de la drogadicción es la anorexia. El organismo, cada vez más estimulado y menos nutrido, se consume a sí mismo y muere, salvo que, voluntaria o involuntariamente, encare el terrible sufrimiento de la abstinencia. En eso estamos...

Cuanto más fuerte el organismo, mayores son las posibilidades de recuperación y menos largo e intenso será el sufrimiento. Eso sí, las recaídas acaban por ser fatales. Como es cuestión de vida o muerte, el compromiso con la recuperación debe ser total e irrestricto.

domingo, 4 de agosto de 2024

LOS PUTS: ¿DESENDEUDAMIENTO, INFLACIÓN O DÓLAR?

Los bancos tenedores de ciertos bonos tienen la opción, o sea el derecho pero no la obligación (put option) de vendérselos al Estado al precio de cierre del día anterior. En este momento, dichos bonos están muy por debajo de su valor nominal, y bajando. Al ejercer su derecho a venden, tales bancos obligan (y de paso justifican) al Gobierno a comprar su propia deuda con descuento, lo cual en el mercado abierto y voluntario sería tan ventajoso como para ser considerado abusivo, o incluso cuasi fraudulento. Los tenedores cierran a pérdida y el Gobierno comprador "rescata" por anticipado bonos aún no vencidos en pesos si se los queda, porque al comprarlos con un descuento interesante, porque reduce más su deuda de lo que los pagó y además se libera de pagar los intereses futuros.

El problema es que si esos pesos que el Estado tiene que pagar por los bonos que está forzado a adquirir no encontraran demanda genuina, se irían al dólar. Si ello fuera de temer, pues siempre se podrían vender los bonos recomprados para cumplir con los puts en el mercado por lo mismo o incluso un poquito más de lo pagado, para luego esterilizar los pesos que se usaron para comprarlos, lo mismo que se hace con los dólares de los importadores.

En definitiva, si un tenedor de esos bonos lo exige, no hay más remedio que o bien reducir la deuda conservándolos o bien mantener restringida la masa monetaria y con ella la inflación, vendiéndolos. Ninguna de las dos cosas resulta tan trágica: en realidad ambas son buenas, en principio. Se puede tolerar una pequeña presión inflacionaria momentánea con tal de rescatar deuda por debajo de su valor nominal, con lo cual se reduce el total debido y con él la tasa a pagar por futuros créditos, o sea el riesgo país. En trance de refinanciar los grandes vencimientos en dólares, reducir la tasa de interés vigente no deja de ser ventajoso. También se puede dejar subir el riesgo país si la reventa masiva de bonos en pesos con recompra garantida por parte del gobierno reduce su precio, con lo cual aumenta su rendimiento para quien los compre. Cuanto más bajos estén los bonos, más pierden irremisiblemente quienes ejerzan las opciones de vender (los puts) y menos tendrá que recaudar el gobierno futuro para financiar el pingüe negocio de reducir su deuda aún más al cumplir su obligación de pagarla por anticipado a menos de lo que debería pagar al vencimiento.

En realidad, el put es un seguro contra la mora, o sea el default, de la deuda en pesos, un imposible mientras se esté dispuesto a emitir y a esterilizar luego... o no, según evolucionen las variables. La decisión de ejercerlo se debió a que el actual Gobierno se manifiesta resuelto a no emitir, por lo cual debe pagar con el flamante pero exiguo superávit fiscal, que puede no alcanzar para afrontar los vencimientos corrientes que no pueda refinanciar y encima las opciones de rescate anticipado de deuda no vencida. En la actual coyuntura, todo es cuestión de mantener el equilibrio. El superávit fiscal y la emisión cero debieran permitir manejar con cierta precisión alguna suba del blue (reteniendo parte los bonos forzosamente recomprados) y alguna suba del riesgo país, o sea de la tasa (revendiendo otra parte de ellos en el mercado), siempre cargando más sobre la variable que resulte menos sensible.

El ejercicio intempestivo de los puts podría resultar en definitiva  un buen negocio no querido, vistos los beneficios concretos de reducir la deuda. Como contribuyentes, la cosquillas de inflación que podemos padecer hoy puede significar menos impuestos para pagar menos deuda mañana. En cambio, la suba del riesgo país nos evita un posible repunte de precios hoy a costa de más impuestos mañana, para pagar los intereses futuros de los bonos que volverían a circular, amén del 100% de su valor cuando venzan.

En fin, no hay mal que por bien no venga.