Hay varios vencimientos de deudas diferentes que suman unos 17.000 millones de dólares hasta fines de 2025. Con reservas brutas de unos 27.000 millones y las netas de depósitos y préstamos negativas en unos 6.000 millones, dichas obligaciones son hoy prácticamente imposibles de cumplir con desahogo.
Su refinanciación es lo lógico, pero depende de los acreedores mismos, de los organismos internacionales de crédito y hasta del mercado voluntario de pases a corto plazo, o sea de ventas de bonos, o del oro mismo, con un pacto de retroventa (a un precio fijo, algo mayor, que representa los intereses), lo que se llama en inglés repurchase agreements (REPOS).
No es de suponer que haya una mora o default deseada, contumaz, larga y duradera como las anteriores, pero el mero RIESGO de impuntualidad se puede manejar como una "amenaza" no explícita pero sí muy clara que hasta ayudaría a conseguir mejores condiciones para refinanciar los vencimientos.
Refinanciar la montaña de deuda heredada (y quizás contraer alguna más para ir tirando con menos sufrimiento) no es fácil, pero quien se encarga es un artista en eso. Si con más o menos costos lo logra, quedará como un prócer. Si todo vuelve a saltar por el aire, será lo de siempre, pasará lo que iba a pasar de todos modos. No hay mucho que perder. Sabemos que los pases de magia financiera no son suficientes, que en el mejor de los casos no sirven más que para ganar tiempo...
Lo que ayuda es que esta vez hay posibilidades muy reales de poder culminar las reformas monetarias, financieras, fiscales, laborales, desregulatorias y normativas internas. Sturzenegger está en eso, quizás lo vaya logrando en paralelo.
De la sangre nos libramos, ahora la recesión nos tiene en el valle de lágrimas, de donde sólo el sudor nos podrá sacar. Los equilibrios y las reformas son necesarios, pero no suficientes. Para pelearle a la recesión tenemos que ponernos todos a invertir y a trabajar de una buena vez, y así generar los enormes flujos exportadores de alimentos, energía, conocimientos, etc. potencialmente realizables, que ya se vislumbran con bastante claridad. La Argentina siempre pudo presentar un futuro prometedor. Hasta ahora, siempre se lo gastó a cuenta y dejo pagando a quienes confiaron en ella.
Hoy, como siempre, confiamos en que esta vez será diferente. El gobierno está generando equilibrios y reformas; los privados, inversiones y trabajo; todo culminará con las grandes exportaciones que serán la locomotora de un desarrollo sano y sostenido. Se está avanzando lo más rápido posible para que efectivamente todo ello suceda. Hasta lograrlo, es lógico recurrir a cuantos malabarismos financieros sean necesarios. Equipo, hay.
En fin, nunca se siente tanto la oscuridad como justo antes del amanecer.
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