Los bancos tenedores de ciertos bonos tienen la opción, o sea el derecho pero no la obligación (put option) de vendérselos al Estado al precio de cierre del día anterior. En este momento, dichos bonos están muy por debajo de su valor nominal, y bajando. Al ejercer su derecho a venden, tales bancos obligan (y de paso justifican) al Gobierno a comprar su propia deuda con descuento, lo cual en el mercado abierto y voluntario sería tan ventajoso como para ser considerado abusivo, o incluso cuasi fraudulento. Los tenedores cierran a pérdida y el Gobierno comprador "rescata" por anticipado bonos aún no vencidos en pesos si se los queda, porque al comprarlos con un descuento interesante, porque reduce más su deuda de lo que los pagó y además se libera de pagar los intereses futuros.
El problema es que si esos pesos que el Estado tiene que pagar por los bonos que está forzado a adquirir no encontraran demanda genuina, se irían al dólar. Si ello fuera de temer, pues siempre se podrían vender los bonos recomprados para cumplir con los puts en el mercado por lo mismo o incluso un poquito más de lo pagado, para luego esterilizar los pesos que se usaron para comprarlos, lo mismo que se hace con los dólares de los importadores.
En definitiva, si un tenedor de esos bonos lo exige, no hay más remedio que o bien reducir la deuda conservándolos o bien mantener restringida la masa monetaria y con ella la inflación, vendiéndolos. Ninguna de las dos cosas resulta tan trágica: en realidad ambas son buenas, en principio. Se puede tolerar una pequeña presión inflacionaria momentánea con tal de rescatar deuda por debajo de su valor nominal, con lo cual se reduce el total debido y con él la tasa a pagar por futuros créditos, o sea el riesgo país. En trance de refinanciar los grandes vencimientos en dólares, reducir la tasa de interés vigente no deja de ser ventajoso. También se puede dejar subir el riesgo país si la reventa masiva de bonos en pesos con recompra garantida por parte del gobierno reduce su precio, con lo cual aumenta su rendimiento para quien los compre. Cuanto más bajos estén los bonos, más pierden irremisiblemente quienes ejerzan las opciones de vender (los puts) y menos tendrá que recaudar el gobierno futuro para financiar el pingüe negocio de reducir su deuda aún más al cumplir su obligación de pagarla por anticipado a menos de lo que debería pagar al vencimiento.
En realidad, el put es un seguro contra la mora, o sea el default, de la deuda en pesos, un imposible mientras se esté dispuesto a emitir y a esterilizar luego... o no, según evolucionen las variables. La decisión de ejercerlo se debió a que el actual Gobierno se manifiesta resuelto a no emitir, por lo cual debe pagar con el flamante pero exiguo superávit fiscal, que puede no alcanzar para afrontar los vencimientos corrientes que no pueda refinanciar y encima las opciones de rescate anticipado de deuda no vencida. En la actual coyuntura, todo es cuestión de mantener el equilibrio. El superávit fiscal y la emisión cero debieran permitir manejar con cierta precisión alguna suba del blue (reteniendo parte los bonos forzosamente recomprados) y alguna suba del riesgo país, o sea de la tasa (revendiendo otra parte de ellos en el mercado), siempre cargando más sobre la variable que resulte menos sensible.
El ejercicio intempestivo de los puts podría resultar en definitiva un buen negocio no querido, vistos los beneficios concretos de reducir la deuda. Como contribuyentes, la cosquillas de inflación que podemos padecer hoy puede significar menos impuestos para pagar menos deuda mañana. En cambio, la suba del riesgo país nos evita un posible repunte de precios hoy a costa de más impuestos mañana, para pagar los intereses futuros de los bonos que volverían a circular, amén del 100% de su valor cuando venzan.
En fin, no hay mal que por bien no venga.
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