domingo, 11 de agosto de 2024

ES ABSURDO QUE EL ESTADO SE ASEGURE

 No tiene sentido que el Estado asegure sus bienes. Es tan solvente como cualquier aseguradora y los grandes números le funcionan igual o mejor.

Es previsible que algunos de los miles y miles de bienes que tiene el Estado padezcan o produzcan daños. En tal caso, pues el Estado afrontará directamente los costos que le corresponda pagar. Siempre serán mucho menos que las primas millonarias y constantes de contratar masivamente tantísimos seguros.

Los seguros de vida negociados colectivamente para beneficiar al personal nunca deben ser obligatorios. Si son voluntarios, ¿qué quiere decir que le "dan" Cancillería o Fabricaciones Militares a un corredor ("broker")? Todas las compañías de seguros interesadas debieran poder hacer llegar, directamente si fueran pocas o mediante licitaciones si fueran muchas, propuestas de seguros colectivos a los organismos para difundirlas entre el personal, de modo que cada funcionario pueda optar por la que le parezca mejor, o por ninguna. Lo mismo sucede con los seguros de vida ligados a créditos: con dos o más opciones son aceptables, así el deudor no deja deudas a sus herederos.

Si por alguna razón formal, se llega a entender, con más o menos tino, que el Estado deba incurrir en el gasto administrativo absurdo de contratar seguros, lo único justificable es que lo haga con una entidad también estatal, para que el enorme volumen de fondos no salga de su patrimonio, que es el nuestro. Es como sacarse plata de un bolsillo para ponerla en otro. Eso sí, para concretar semejante autoseguro es incomprensible que el Estado emplee corredores, productores o asesores de seguros para intermediar entre dos entidades propias: la asegurada y la aseguradora, tan estatales la una como la otra.

Todos los millones pagados en comisiones a íntimos del poder no son más que pretextos para apropiarse de fondos públicos. Tales fondos nos pertenecen a todos y tienen destinos tan sagrados como la salud, la educación, la justicia, la seguridad, la diplomacia, etc. Desviarlos de ellos es más que una necedad administrativa es un crimen político.


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