Hay que capitalizar el susto.
La pasión más fuerte del ser humano no es el sexo,
no es la riqueza, es el MIEDO. En una situación de peligro, se interrumpe el
sexo, se abandona la riqueza y se da PELEA... o se huye para salvar el pellejo.
Estaba el Rey San Luis de Francia impartiendo justicia bajo su roble de
Vincennes cuando acertó a pasar una comitiva que se dirigía a colgar a un
asesino y ladrón convicto y confeso. Al ver al Rey, el condenado clamó por
clemencia. A pesar de su proverbial benevolencia, la obvia culpabilidad del
condenado le impedía al Rey indultarlo. El reo, desesperado, juró que Dios haría
un milagro para probar su inocencia: en la misma fecha del año próximo, el
caballo del Rey recibiría el don del habla y le diría a su amo que el condenado
era inocente. El Rey fijó la audiencia para el mismo día del año próximo,
asegurando que si semejante portento ocurría, el indulto seguiría a cartón
seguido. El reo fue socorrido por un amigo que se comprometió a guardarlo
durante el año de prórroga. Ya camino de su casa, el amigo le manifestó su
inquietud respecto del milagro. La respuesta fue simple: "Yo a esta hora ya
estaría muerto; ahora tengo por delante un año de más de vida. De aquí a un año
se puede morir el Rey, se puede morir el caballo, o me puedo morir yo...
Wellington no estaba pudiendo ganar la Batalla de Waterloo, mientras las
devastadoras cargas de la caballería napoleónica se estrellaban contra sus
disciplinados cuadros ingleses, que solamente podían resistir, pero no atacar.
Una tras otra, cada carga costaba muchísimas vidas de los hijos de las clases
más poderosas de Inglaterra, que por lo general prefería financiar las guerras
napoleónicas a pelearlas, como (por segunda vez de siete) lo estaba haciendo en
el caso, lo cual era muy excepcional. Le hicieron ver que los padres de los
muchachos no se lo iban a perdonar, que de momento la victoria era imposible y
le sugirieron que se rindiera ante Napoleón, como tantos otros habían hecho. Ya
se le podría ganar en otra oportunidad...
El brillante estratega vió lo atinado del consejo, pero
también señaló lo avanzado de la hora y calculó que podía resistir hasta la
noche agotando las fuerzas que tenía, porque de noche no se combatía. Si
entretanto llegaban los refuerzos prusianos, podía ganar, pero también podían
llegar los refuerzos de Napoleón, en cuyo caso el desastre sería total. En
concreto, podía aguantar hasta la noche con grandes pérdidas, o salvar muchas
vidas propias y ajenas rindiéndose de inmediato.
Volvió a mirar el sol de ese
interminable día del verano belga y dijo su famosa frase: "Si no llegan, los
prusianos, llegará la noche. Hasta mañana por la mañana, no nos vamos a rendir."
Al rato, llegaron los prusianos y Napoleón pasó a la historia definitivamente.
CONCLUSIÓN: Si no se puede ganar la batalla, hay que ganar tiempo... Y ESO SÍ,
USAR CADA MINUTO.