martes, 30 de junio de 2020

¡ESPÍA CARTONERA!

Es una idea excelente, porque los cartoneros y la gente sin hogar son invisibles.

Recuerdo que frente a Tribunales me cruzaba con una mujer grande, muy digna, que lavaba su ropa en la fuente que recuerda a los bailarines muertos en un avión que cayó. Ni la multitud de curiales la veía, ni ella nos registraba, lo cual me deprimía un poco desde lo humano.

Por un reflejo medio campestre, a la enésima vez que pasé, la empecé a saludar con un leve cabezazo, que ella siempre respondía. Un contacto mínimo, pero grato.

Poco después, debí sostener una larga negociación con una colega de muy buen ver, sentados a una mesa soleada de un bar, frente a la Plaza. Unos días más tarde, después del habitual cabezazo, la señora me llamó con un gesto, al cual respondí. En cuanto estuve lo suficientemente cerca, me contó, con una sonrisa de complicidad: Esa chica que estuvo con usted el otro día, ¡ayer estuvo  allí con otro!

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