Una vez escribí sobre adolecer de "un cierto escepticismo sobre el interés del público". El texto fue intencionalmente ambiguo, no quise poner directamente que quizás no crea que el público merezca mi esfuerzo. Lo del desinterés va en ambos sentidos... el del público por mí, que es obvio, y el mío por él, que también cuenta...
En las redes sociales, muchos no leen y, si leen, no razonan, más bien diría que escriben para ver si logran el minuto de fama que están buscando.
Mi condición es en principio contraria a la fama. Siempre publiqué en la prensa con diversos seudónimos. Hasta ahora, que me juego, no sé por qué. Quizás la gran facilidad de publicar en las redes lleve a reafirmar la identidad de cada cual. Es un tema de tentación casi diabólica. En la fama uno se quema las alas como una mariposa que revolotea alrededor de una llama...
¿A qué nos queremos lanzar, sin asomo de pudor? Al abismo, a la prostitución, a la cárcel o a la muerte, como nuestra generación vio más de una vuelta... Nunca fui muy "lanzado", quizás en mí la cobardía venció a la vanidad. Tengo un cierto horror a la notoriedad, porque quita libertad...
Aún quienes persiguen la fama a todo trance se perjudican más de lo que se benefician. Me inspiran más bien lástima que envidia o admiración.