Eclesiastés (1,2): Vanitas vanitatum omnia vanitas (Vanidad de vanidades, todo es vanidad). La baja estatura moral de nuestros políticos los hace funcionar como las tristes vedetongas que son. Lo de la CABA es un sainete sin gracia.
Macri se niega a aceptar que ya pasó la hora de su efímero partido PRO y que puede aportar sus cuadros y su experiencia sin competir, colaborando desde adentro. Los radicales no pueden superar su interna eterna y van divididos en dos alas, una con peluca y otra sin. Las Lilitas y Lilitos juegan a posar como estatuas de la virtud, en una soledad desierta de votos. Los ególatras de LLA arremeten ensoberbecidos, sin refuerzos, con cuanto esperpento han podido rejuntar, a matar o morir, olvidando que en su eventual caída nos arrastrarían a todos.
Cuando a gatas daba para armar una lista buena, vamos con cuatro malas. Parecemos los cuatro jinetes del Apocalipsis.
En cambio los K han encontrado en Santoro un candidato bastante presentable, ex radical de la épica línea alfonsinista, que todavía algún votito extra (no perónico) puede arrastrar. Un inesperado avance sobre la caterva de delicuentes analfabetos que suelen presentar.
Hablar de grandeza, de anteponer la vigencia de la idea al personalismo, es predicar en el desierto. Bastaría que entendieran una sola cosa:
Quienes van unidos, ganan. Quienes van desunidos, pierden. Corta la bocha...