Al cortar gastos, despilfarros y robos baja el consumo de los malhechores y con él, el PBI. La economía algo se contrae. Ponerle un torniquete a la hemorragia salva la vida, pero aumenta la presión.
Al abrir la economía, las empresas no competitivas se adaptan o quiebran. Aún cuando sobreviven, ven reducidas su ganancias al tener que competir en un mercado que antes les estaba reservado y ahora se ha abierto. Más contracción.
Ambas tendencias juntas se pueden potenciar hasta generar una recesión.
Pero
Las nuevas inversiones son expansivas, aunque sólo sean extractivas. Si agregan valor a las exportaciones demandan todavía más empleo y distribuyen mejor los beneficios.
De emisión descontrolada se pasó a restricción monetaria y recesión, para controlar la inflación. La tensión se da por la resistencia a dejar de aumentar o incluso a BAJAR los precios, como resulta obvio si sobran bienes y servicios, mientras falta dinero.
Cambió la música y todos tienen que cambiar el paso. Es duro reestructurar la matriz productiva. Tanto los trabajadores como los emprendedores se deben desplazar y capacitar para pasar de actividades sustitutivas de importaciones del conurbano a zonas y actividades exportadoras (o más baratas para vivir) del interior, etc.
Las actividades no competitivas se cortan rápidamente. Las actividades exportadoras o competitivas demoran en organizarse y expandirse. Es lógico que haya presiones cambiarias y crediticias para financiar la transición, cuyos costos son heterogéneos y no se distribuyen de manera pareja. En un contexto tendiente a la desregulación, cada cual se debe reubicar por su cuenta y riesgo. Los ganadores se expandirán y les darán trabajo a los perdedores...
Por el momento, los créditos y las inversiones de capital (muy selectivas y ralentizadas por el tipo de cambio) serán las fuentes inmediatas de dólares para afrontar los vencimientos de la deuda heredada. Nueva deuda no hará falta porque déficit no hay, aunque reservas tampoco. Basta con prorrogar los vencimientos concentrados en el corto plazo hasta tanto las inversiones maduren y las exportaciones adicionales traigan más dólares genuinos para siempre...
Menem vendió empresas existentes de servicios públicos. Generó reservas y crecimiento, pero no exportaciones. Es más, generó una demanda adicional de dólares por reembolso de créditos, intereses y dividendos. Al no ingresar dólares la convertibilidad resultó insostenible.
Ahora sucede lo contrario. Las inversiones nuevas son en rubros destinados a la exportación. Van a generar ingreso de dólares, primero por el ingreso de capitales y luego en el corto o mediano plazo por el aumento de las ventas al exterior. Muchos más dólares de los que se puedan deber. Sólo es cuestión de financiar la transición y acelerarla un poco para que no se acabe la paciencia...
El problema no va a ser tanto el cambiario como el social. El modelo exportador derrama menos y más lentamente, mientras la apertura económica impone reciclar ya la mano de obra hasta hoy empleada en industrias sustitutivas de importaciones hacia sectores competitivos. Hay poca sensibilidad para fomentar activamente la capacitación y la reubicación de los trabajadores cesantes, que son cada vez más. Se confía, quizás demasiado, en que ello ocurra con suficiente celeridad y eficacia mediante los mecanismos de mercado y la iniciativa individual.
En fin, de la "cirugía mayor sin anestesia" pasamos a la "motosierra sin red". No es lo ideal, pero probablemente sea lo mejor posible y, por cierto, es lo único que hay. El control de la inflación es el fundamento indispensable, sobre el cual urge construir todo lo demás. Su costo se podría minimizar y paliar más y mejor, pero en definitiva se debe asumir. Como siempre, habrá más ganadores a largo plazo y más perdedores en el corto plazo. Sería prudente elaborar políticas sociales más activas para manejar la transición brindando cuanta contención social se pueda a los inevitables perdedores de hoy, para llegar con votos a mañana.
La ceguera de los conservadores recalcitrantes parió a Perón. Como ellos, éste está demasiado tranquilo en la impunidad electoral que por el momento le procura una oposición fantasmagórica y monstruosa. No vaya a ser que surja otro outsider un poco más potable con una buena ambulancia para recoger a tanto herido y en 2027 el peluca salte por el aire, con patadón y revoleo.
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