Pero vos, Mauricio, pensá que con los puntos de Lavagna, Espert y G. Centurión ganabas cómodo. Para no hablar de los de Massa, que después de la alianza con la UCR (que tanto nos costó conseguirte) se quiso unir, porque en esa época ODIABA a Cristina. Durán Barba te convenció de que no hacía falta, porque con el "amarillo puro" alcanzaba. Nos quedamos afónicos explicándote que en política no basta que alcance, tiene que sobrar. Prevaleció Durán y después vino el ninguneo a los radicales. Mientras el peronismo estuvo dividido, eso fue verdad, alcanzó... a gatas.
En cuanto se unió, te pasó por encima como una aplanadora, Mauricio.
Confundiste la debilidad de tus adversarios con tu propia fuerza y no aprovechaste para construirla primero y ampliarla después.
Después Esha tomó la iniciativa, se escondió debajo de la mesa, nos convenció de que Chirolita era alguien. Después juntó a casi todos los demás y los hizo avanzar a tambor batiente. Tu designación de Pichetto fue un remedo estéril, un espejo sin azogue que no rindió ni los gastos.
Dios nos quiere, así que nos mandó el cachetazo de las PASO. De golpe, nos despertamos todos y lideraste una campaña inmejorable, eso sí. No la dimos vuelta, pero la inclinamos bastante, como para descubrir una lucecita de esperanza bajo el manto oscuro de la derrota.
Ahora llamate a sosiego y encolumnate detrás de Horacio, que tiene los votos y el territorio y de Mariu, que tiene la imagen. Por el momento, lo mejor que podés hacer es NADA. Una transición digna, caballeresca y mutis por el foro. El derrotado no debe dar explicaciones. "Si pierdo, pago y me voy", dijo el guapo del 900.
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