domingo, 27 de diciembre de 2020

BIENES PÚBLICOS ¿FINANCIAR LA DEMANDA?

Toda educación es pública.

La gestión puede ser privada, pero el Estado la controla y la financia SIEMPRE. También habilita y matricula a los graduados, directamente o por delegación en colegios profesionales. 

A veces, el Estado financia y gestiona con instituciones propias y otras veces supervisa y exime de impuestos a instituciones de gestión privada; eso, por el lado de la oferta. Por el lado de la demanda, el Estado también financia o desgrava sistemas de becas y subvenciona a instituciones privadas, en la medida en la cual atienden una demanda que de otro modo agregaría más presión al sistema de gestión pública. Lo mejor es la libertad y la diversidad que surge de combinar los dos regímenes.

Todos los sistemas requieren control estricto y apoyo irrestricto por parte del Estado, principal garante de la educación. Educación sin democracia es revolución. Democracia sin educación es demagogia y caos populista. Educar no solamente es un imperativo moral y una necesidad social, es por lejos lo más económico, la mejor inversión y el mejor negocio. Lo mismo se puede decir de la salud.

No es tan evidente que la salud y la educación, que el Estado debe asegurar y solventar, se tengan que brindar sólo en establecimientos estatales.

La "intermediación" del Estado entre el contribuyente y el beneficiario de los bienes públicos, como educación y salud es CARÍSIMA. Crea una casta privilegiada, la Nomenklatura que administra la oferta de esos servicios sin competencia ni auditoría, con un público de usuarios cautivos, porque no tienen recursos para acceder a la oferta privada, aunque la consideren mejor. La consecuencia es un costo cada vez mayor con resultados cada vez peores, hasta llegar a lo intolerable.

La educación pública no está en discusión. El tema es como financiarla con menos ineficiencia, corrupción y politización. Hoy es un desastre para docentes y alumnos y una vaca lechera para activistas impresentables como Baradel y Cía. Una idea es darle una mayor relevancia a la demanda, para incorporar los mejores resultados que se observan en la educación, también pública, pero de gestión privada. Ninguna solución es mágica ni excluyente, pero la evaluación, el control y la competencia nunca vienen mal, siempre pueden ayudar. Con las diferencias del caso, la gestión de la salud pública presenta problemas, y quizás soluciones, parecidas.

La idea más revolucionaria es financiar directamente la demanda: el usuario podría elegir libremente entre todos los oferentes públicos y privados, y el Estado pagaría la cuenta, si fuera del caso.

Resulta obvio que el debate y el eventual consenso tomarán tiempo. En todo caso, se podría ir ensayando un amplio sistema de becas con financiación tanto pública como privada, con miras a una transición armoniosa.

Mientras tanto, hay que tener un Banco Central, un hospital público y una escuela pública que funcionen. Es difícil, pero indispensable. Cerrarlos de golpe, solamente porque son malos, es cortarse la cabeza solamente porque duele.

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