viernes, 18 de abril de 2025

ESPAÑA v. INGLATERRA

EL IMPERIO ESPAÑOL

La balcanización de la América Española (ni toda del Sur, ni toda Latina) fue la política británica permanente durante todo el siglo XIX. Nos condenó a la insignificancia.

La Argentina es residual. Brasil y EEEUU se expandieron. Bajo el Imperio Español, México era el corredor terrestre del comercio global de India y China a Europa. El Virreinato de la Nueva España era más rico que la España peninsular y se extendía de Filipinas al Caribe. Potosí era más grande que Londres y París sumados. Sus doblones de plata "de a ocho" "pieces of eight" eran la divisa dominante del comercio mundial. El signo $ es la versión estilizada de las Columnas de Hércules con la Banda enroscada donde está el lema "Plus Ultra" del Escudo de España. Se fundaron 30 universidades en América, se la sembró de Catedrales, conventos y hospitales... Todo multicultural, multilingüe y con gran diversidad racial. Así por 300 años, mucho más que lo que duró el Imperio Británico, que lo sucedió.

Inglaterra se hizo rica pirateándole al Imperio Español en total un 3%, el 1% por siglo, apenas unas cosquillas. Por fin logró en Trafalgar romper la coordinación borbónico-napoleónica de España, Francia y Nápoles, geopolíticamente perfecta. Francia aportó la hegemonía continental, España la global y marítima y Nápoles el centro del Mediterráneo con proyección al Medio Oriente.

LA ARMADA INVENCIBLE

La Grande y Felicísima Armada, luego llamada "Invencible", socarronamente aunque lo fue, debió reincidir. Su fracaso fue más bien meteorológico que bélico. Si Felipe II nunca dijo: "Mandé mis barcos a luchar contra los hombres, no contra los elementos", bien pudo haberlo hecho, porque fue la pura verdad. Roma se hizo grande por su capacidad de reponerse en la derrota, más que por sus victorias. Al año siguiente, los ingleses quisieron afianzar su ocasional ventaja estratégica mediante la expedición de Drake con una Contraarmada: la paliza que recibieron fue de órdago.

En verdad, nadie conocía por entonces en toda su complejidad los factores meteorológicos estacionales del Canal de la Mancha. A Eisenhower, ese clima lo hizo cambiar varias veces el Día D. Napoleón dijo en su campamento de Boulogne: "Tres días de buen tiempo y estoy en Londres". Lástima que en Rusia no tuvo presente el calendario con la misma precisión...

Con vientos y tormentas fuertes de popa, y bajantes pronunciadas, la Armada no pudo embarcar a las tropas terrestres del Duque de Parma que esperaban en  Dunkerque, Países Bajos Españoles. Los ingleses hostigaban de lejos con brulotes y artillería desde barcos pequeños (pero llenos de cañones y con 100 tripulantes, todos combatientes), baterías flotantes incapaces de combatir con los galeones, fortalezas flotantes con sus castillos de proa y popa erizados de mosquetes, (400, unos combatientes y otros tripulantes, porque "los caballeros no jalan"). Los daños fueron menores, cabe señalar.

Sin el ejército de tierra, era una locura invadir Inglaterra. La misión de la Armada era cruzar los temibles tercios, la mejor infantería del mundo. Cuando el viento los alejó del Continente, impidiéndoles por supuesto volver atrás, lo lógico fue pegar la vuelta a la isla por el Norte y volver, una ruta habitual. Es lo que hace un buen velerista. A vela se llega a donde se quiere, pero se va por donde se puede.

El viaje fracasó por un error de navegación al ignorar (como todos en la época) la Corriente del Golfo. Una vez remontadas las Islas Británicas por el Norte, siguieron navegando hacia el Oeste por un tiempo prudencial según la velocidad que llevaban (sobre el agua, claro). Fuertes tormentas los dispersaron, pero eran conocidas y relativamente superables, así como las brumas frecuentes. El tema es que allí y en esa época del año la Corriente del Golfo tira fuerte hacia el Este, lo cual los hizo retroceder sobre el fondo, llevándolos a estimar mal su verdadera posición. Creyendo estar mar afuera, mucho más al Oeste, lejos de las islas, muchos viraron al Sur antes de tiempo, llevándose por delante las terribles costas de Irlanda, donde se estrellaron tantos buques.

Las autoridades inglesas protestantes y sus mercenarios irlandeses degollaron a todos los miles de náufragos españoles que llegaron a tierra, por miedo a que estimularan un levantamiento de católicos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario