jueves, 26 de septiembre de 2019

LA ECONOMÍA ES CIRCULAR, NO PRIMARIA, SECUNDARIA O TERCIARIA.

LA ECONOMÍA ES CIRCULAR, NO PRIMARIA, SECUNDARIA O TERCIARIA.

NADA ES "PRIMARIO"

Vayan a contarle a los árabes que es mal negocio producir materias "primas". En la Argentina lo que hay es una serie de enormes cadenas de valor industriales basadas en la elaboración de materias primas producidas por el agro y la minería. En ellas se emplea tecnología muy avanzada, tornándolas altamente eficientes y por ende competitivas a nivel internacional.

Aguas arriba, la soja y los demás cultivos argentinos tienen ya incorporados insumos con altísima tecnología de punta: biotecnología en las semillas; sembradoras y cosechadoras con tecnología satelital, dotadas de avanzados dispositivos informáticos capaces de analizar el suelo y aplicar justo  los fertilizantes que hacen falta, de identificar malezas y atacarlas selectivamente con láser (que ya se puede incluir en el rubro de la robótica), con lo cual se minimiza o reemplaza el uso de herbicidas, etc. En la Argentina, se fabrica y se exporta maquinaria agrícola de avanzada, que compite de lo más bien con la importada no sólo en el mercado interno, sino también en el mercado internacional. 

Aguas abajo, los servicios de transporte y los sofisticados mercados de comercialización con operaciones de derivados y futuros, a veces formadores de precios internacionales y otras con movimientos independientes de ellos, agregan también muchísimo valor. Es evidente que son productos industriales las harinas y aceites que produce el complejo de molienda más grande del mundo, el de Rosario.

La carne se exporta a veces en cortes listos para consumir, a veces en cuartos compensados: la industria frigorífica (avícola, porcina, bovina, etc.) es intensiva en mano de obra, ya que la faena es difícil de automatizar y genera mayormente productos finales, listos para consumir. La tecnología genética aplicada en las cabañas es también de punta y en los rodeos generales se va difundiendo cada vez más. El engorde y la producción lechera consumen la burlanda, subproducto muy rico en proteínas de la destilación de los biocombustibles, que también se exportan. La leche se exporta por lo menos en polvo y muy frecuentemente en forma de quesos y otros productos de gran valor agregado. El jamón y los demás chacinados de cerdo son productos industriales también.

Todos esos procesos están movidos por la energía cada vez más abundante y barata provista por la minería local, que también genera productos industriales ya tradicionales como la urea, el aluminio, etc. o de reciente incorporación como las baterías de litio.

IMPORTAR PUEDE SER BUEN NEGOCIO

Frente a todo ello, importamos productos "industriales", como paraguas plegables chinos que valen USD 4 en la zona bancaria de Buenos Aires ¡cuando llueve! ¿Qué bienestar le puede dar al trabajador chino semiesclavo, preso (político o común) que lo cose? Además, las grandes plantas industriales concentradas, si no están muy bien controladas, pueden ser focos de gran contaminación.

Sustituir ese tipo de importaciones es mal negocio, es inflacionario (los paraguas plegables argentinos serían más caros, por falta de economías de escala), es antidemocrático porque el derecho de muchos a consumir barato es superior al derecho de pocos trabajadores y poquísimos empresarios a producir caro y probablemente sea imposible, ya que aún de contrabando los productos mejores y más baratos llegarían igual. 

La sustitución de importaciones que no llegue a la Escala Óptima Mínima que exigen los bienes que fabrica no es competitiva en el mercado internacional ni lo será jamás, por lo cual no pasa de pura prebenda inflacionaria. Lo que da en puestos de trabajo y pingües ganancias para algunos lo quita en un mayor costo de vida para todos.

Encima, atenta contra la balanza de pagos, ya que en general la industria argentina usa insumos importados y no puede exportar, por falta de competitividad en precio, y a veces en calidad también. El mercado interno argentino por sí solo no tiene escala suficiente para llegar a un costo óptimo en la mayoría de los bienes.

Los regímenes de promoción han sido empíricamente semilleros de corrupción e ineficiencia. Proteger la ineficiencia entregando un pequeño mercado nacional cautivo solamente puede ser racional para fomentar industrias que estén en su  "infancia", siempre de forma temporaria, y sólo hasta que alcancen su madurez, adquiriendo competitividad. En la práctica se observa todo lo contrario. Las industrias protegidas se transforman en "Peter Pan": tienden a no madurar nunca y a seguir necesitando protección y promoción para siempre (como las de Tierra del Fuego). Hasta que el resto del país se harta de sostenerlas y las cierra, con un nivel desproporcionado de conflicto social, dados los intereses creados de los trabajadores empresarios y autoridades ya acostumbrados a vivir bien o mal de la prebenda.

La industria ya no es sinónimo de alta tecnología ni de empleo masivo: los mayores adelantos hoy están en la biotecnología y el conocimiento (incluso fábricas robotizadas), para los cuales Argentina tiene más ventajas competitivas que para la industria tradicional basada en la mano de obra.

En la realidad actual, las cadenas de valor están muy globalizadas, por lo cual lo de "industria nacional" es cada vez más relativo Por emplo se importan las chapas de acero (60% del costo final de los tubos) de Brasil, sólo se las dobla y se las suelda en la Argentina. La industria "argentina" demanda muchísimas divisas: si no exporta sus productos, destruye la balanza de pagos, contribuyendo a lo que se llama la "restricción externa", o sea el faltante crónico de dólares.

PROTECCIÓN ÓPTIMA

Un cierto desarrollo industrial es indispensable en la Argentina para emplear con provecho a toda la población, ya que los puestos generados por las actividades mineras y agropecuarias no alcanzan. Ese desempleo estructural se suele disimular en el sector público o subsidiar directamente. Ambas cosas generan déficit fiscal o una presión impositiva ruinosa.

Eso sí, cualquier esbozo de protección industrial debe estar orientado en definitiva a la exportación y ser muy selectivo. Por ejemplo:
1.- Dar valor agregado a los productos primarios, siempre que los productos manufacturados se puedan exportar: molinería, frigoríficos, usinas lácteas, conservas, etc. Puede fallar, como en el caso de los cueros: las curtiembres argentinas, salvo la de Yomha, eran tan rudimentarias que desvalorizaban los excelentes cueros, que se prohibía exportar frescos. En los años 70, Saks Fifth Avenue rechazó las mejores billeteras argentinas por defectos de confección;
2.- También se podría proteger la producción incipiente de los insumos que hoy se importan para actividades con ventajas comparativas claras y permanentes: maquinaria agrícola, biotecnología, fertilizantes, alimentos balanceados, biocombustibles integrados con tambos, feedlots y criaderos que consuman la burlanda, etc.
3.- Industrias del conocimiento y de difusión de alta tecnología adaptada al tercer mundo: hubo éxito con reactores nucleares vendidos al Perú y a Australia, paquetes tecnológicos de siembra directa al África, autos Ford Falcon para Cuba, etc.

Hay un nivel aceptable de protección de tales industrias mientras estén  "infantiles", sean muy estratégicas y TENGAN UN FUTURO EXPORTADOR.

INDUSTRIAS DE BASE

Además está el antiguo tema geopolítico de proteger la industria de base, también llamada industria pesada, por ejemplo fabricar acero, cemento, aluminio, fertilizantes, petroquímica, fármacos, armamentos, aviones, material ferroviario, etc. Es una política de autoabastecimiento, más estratégica que económica y se predica sobre la mayor o menor fiabilidad del mercado internacional que se perciba en determinada coyuntura. La autosuficiencia a cualquier precio es un imperativo en caso de guerra, crisis del transporte marítimo o de cualquier otra circunstancia que lleve al colapso de los intercambios. Salvo tal hipótesis, es un deporte caro.

VALOR AGREGADO EN ORIGEN

Agregar valor industrial a nuestras materias primas, eso sí que es la industria competitiva y eficiente que debemos intentar. Sin dejar de tener en cuenta que la tecnología aplicada "aguas arriba" supera en mucho la que se pueda aplicar "aguas abajo" de un poroto de soja, por ejemplo.

Hay limitantes técnicas: exportar harina en vez de trigo funcionaría si se solucionaran las dificultades de transportar un producto tan delicado, pero los fideos y las medialunas cada cual los elabora a su gusto, generalmente en forma local. Lo mismo pasa con los quesos, cuyas infinitas variedades son propias de la idiosincrasia gastronómica de cada cultura. Sin embargo, es factible exportar quesos en vez de leche en polvo a países con tradiciones culinarias afines.

También existen limitantes de acceso a los mercados. En general, los productos básicos se operan con facilidad, mientras que los productos finales pueden encontrar barreras: los compradores también quieren agregar valor en destino. Las normas del comercio internacional favorecen el valor agregado en origen, que también es económicamente más eficiente porque reduce el costo del transporte.

¿Tecnología? A veces, es mejor aplicarla que generarla o que exportarla. Los celulares y las computadoras valen cada vez menos soja. En agrobiotecnología somos líderes (en el sitio del INTA Argentina y del INTI, en BIOSIDUS, etc. se pueden ver vacas que dan leche con insulina para diabéticos, etc.), sin una rentabilidad inmediata de importancia. Fomentar la innovación y la adaptación en materia tecnológica es razonable, pero cerrar el mercado a la tecnología extranjera es suicida.

Al final, es la oferta y la demanda: no siempre los precios relativos benefician a los productos industriales. No se debe olvidar que la escasez mundial de la tierra, del agua y de los demás recursos naturales es estructural, mientras que la escasez de los productos industriales es transitoria y la novedad de la última tecnología es efímera.

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