Tampoco se los puede soltar o echar al campo, porque al no estar adaptados enloquecen, no conocen el alambrado ni los obstáculos, pisan los pozos, tropiezan y se mancan, pelean con otros, etc. Si se acostumbran a estar libres, después también sufren al volver al box. Las adaptaciones son lentas, dolorosas y muchas veces incompletas o imposibles.
Cuando llegan al campo después de haber estado toda su vida a box, se los suelta gradualmente con bozal y una cuerda o cadena más bien pesada atada a un tronco o mejor a una cubierta vieja de tractor. La cuerda debe estar medio corta al principio, para que no se enreden ni puedan tomar carrera.
Una vez que se han acostumbrado, se va alargando y alivianando ese "cepo", hasta que se los suelta sin cepo, pero con la cuerda larga en un piquete chico, y se va probando hasta que dejan de salir corriendo en cuanto se ven sueltos.
El paso de una ración muy concentrada de avena o balanceado a una alimentación a pasto también debe ser muy gradual. Hay peligro de cólicos, enflaquecen y echan panza, por el gran volumen de pasto que deban ingerir, poco nutritivo en comparación con el grano o el balanceado. Depende mucho de la época del año y de la calidad de la pastura.
Con algunos funciona, con otros no. Si van a volver a box, mejor encerrarlos por la noche, para que sufran menos cuando se tengan que readaptar de vuelta en la ciudad.
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