Nada me debe la vida: si debiera partir mañana, nada me quedaría por hacer. Si me tocara vivir veinte o treinta años más, sobran proyectos.
Mi hijo y mi nieta me han regalado la trascendencia y mi mujer las alegrías cotidianas. Planto árboles y escribo todo el tiempo.
Termino con la frase de García Lorca: "Para que tu vida sea más profunda y más hermosa, mírala siempre con melancólica mirada de despedida".
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