martes, 27 de abril de 2021

MISTIFICACIÓN ESTREPITOSA

Ir perdiendo la cultura propia sin llegar a adquirir la ajena produce "aculturación". Ésta tiene un efecto grave que se llama "MISTIFICACIÓN". La gente usa una palabra extranjera creyendo entenderla, pero en realidad puede haber matices que se le escapan.

Un marinero de un barco creía que el thinner es un producto importante y caro, porque es mejor que el "solvente": bueno, la palabra es idéntica, hasta en su etimología.

Un perito mercantil entiende lo que es un crédito contingente, que puede o no ser renovable a medida que se lo reembolsa. Con un stand by que puede ser revolving o no, el tema se presta para demonizar a quien lo concede y para endiosar a quien lo gestiona, especialmente en caso de incumplimiento o default. Al final, se perciben las finanzas, como el resto de la ciencia y de la tecnología, a través de un vidrio opaco, empañado, que puede llevar a tolerar operaciones que si se entendieran, se combatirían.

Las fake news (noticias falsas), el lawfare (persecución judicial) son conceptos borrosos y elásticos donde se entremezcla lo judicial y lo mediático con fines políticos. Una apelación o una acción por calumnia puede solucionar el tema sin tanto estropicio.

De las pronunciaciones meglio non parlare... Una dama cuya verborragia judicial padecemos de tanto en tanto insiste en hablar de "láufer" en vez de "lófear", errándole a los diptongos de forma impenitente. Al rato dice que nos va a dar un "tips": el singular es "tip", señora. El HSBC (Hong-Kong & Shanghai Banking Corporation) se transforma en un ignoto "HBC" cuando es objeto de sus infantiles diatribas.

La mistificación profundiza la brecha del subdesarrollo, generando costos ocultos que pueden ser considerables. Una inteligente desempleada argentina tiene que aprender el concepto de "backapear", "bootear", "resetear" como si fueran operaciones mucho más complicadas que las de resguardar, alistar, reiniciar, etc. Su homóloga estadounidense VE dichas operaciones con prístina claridad en cuanto escucha las metáforas que se han generado en su lengua, precisamente para ayudarla.

La terminología que a unos semianalfabetos ayuda a otros hunde en una "ignorancia" sólo aparente. La lengua es parte del patrimonio cultural de la comunidad y es una muy buena política cuidarla.

Basta ver en Miami a quienes han dejado de ser puertorriqueños sin llegar a ser estadounidenses cabales, o sea "portorriqueños". Como a los cubanos, su aculturación los margina: ni en inglés ni en castellano se les entiende cuando se ofrecen para "moar la grasita" o para "vacumear la carpeta". Parecen tontos, sin serlo, porque viven en un cajón oscuro desde el punto de vista lingüístico.

Toda formación superior se les complica, el ejercicio de sus derechos es relativo, aunque hagan fortuna están en general impedidos de todo ascenso social. Tienden a juntarse y el barrio perpetúa la aculturación. Al final, solamente se entienden entre ellos.

No es una cuestión de una mera tilinguería contra un mero purismo. La lengua es la argamasa de una cultura: cuando se resquebraja, la pared cae, por sólidos que sean los ladrillos. Tanto barbarismo junto acaba por babelizar a grupos enteros, cuyo potencial queda esterilizado. En términos de comunicación, semejante "cocoliche" ya no es ruido, sino estrépito.

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