URUGUAY Y JUNCAL
Todo empezó con unas caceroleras gritándole "chorra", como revolviendo el puñal en la herida. Grave error. Quienes van ganando juegan callados y hasta ensayan la "Clemencia de César" para ganarse cuantos más seguidores del vencido se pueda.
Después de las primeras caceroleras, se armaron dos manifestaciones civilizadamente separadas por la Policía de la Ciudad. Una expresión de madurez cívica que duró lo que un suspiro.
Era previsible que Esha tuviera alguna reacción de furia ante el chicotazo judicial que le cruzó la cara. Contestar sus disparates es hacerle el juego. Más vale tomar sus dichos como una nota de color, pintoresca pero intrascendente, más dignos de memes que de una reacción seria.
Quienes pierden, a falta de mejor cosa, sí recurren a "armar quilombo". Es una mera catarsis, un ejercicio de impotencia, una pública exhibición de una debilidad desesperada que el grito, la agresión y la furia no disimulan, sino que evidencian. Buscan intimidar a quienes "toquen a Cristina", en lo cual fracasan totalmente, porque ni jueces ni votantes se mosquean por hechos meramente policiales. La realidad política es que con semejantes desmanes no se ganan los votos decisivos de la clase media... y juicios, mucho menos.
Recordemos que las elecciones las define la clase media. Son los que a veces votan para un lado y a veces para otro, en general CONTRA algo.
Ahora está HARTA de piquetes, marchas y feriados intespestivos, de discursos furibundos un día y lacrimógenos al día siguiente, de la millonaria obscena que los hunde en la pobreza, de que mande imprimir tanta platita para repartir a manos llenas entre sus "militantes" que les pulveriza el valor de la plata honesta que ganan trabajando. Harta de que les grite a ellos y a sus jueces diciéndose víctima de una persecución fantasiosa que no es sino justicia.
Afeada irreversiblemente por la cirugía, cada vez más antipática en su crispación, pretende seguir seduciendo y en el intento ha acabado por perder la dignidad, el único atractivo de la vejez. Cree que su discurso es patético, pero su soberbia embrollada mueve a risa... cuando se le entiende algo. Cree que convence con medias verdades expuestas en láminas colegiales, cuando sus argumentos son tan absurdos que más bien ofenden. Cree que intimida demostrando poder en las calles y solo produce irritación en los frustrados transeúntes. Cree que da lástima como perseguida y sólo enfurece a todos al reivindicar sus crímenes. Está encajada en el barro hasta el eje, y acelera a fondo, enterrándose cada vez más.
Así que: ¡Nunca distraer al adversario cuando se está equivocando!"
La gran equivocación fue el desmadre. ESHA y los KK en general tienen un grave problema de autopercepción. Ajenos a todo asomo de autocrítica, muestran sus caras horripilantes creyendo que son obras maestras de la cirugía, abren sus bocas cloacales creyéndose oráculos, exhiben sus cerebros quemados creyéndose superdotados. Con impudicia feliz, se presentaron como lo que son: barrabravas desaforados, asadores primero, diarreicos después, agresivos siempre. Piedras contra la policía, vidrieras rotas, vecinos confinados. Resultado: nadie se asustó, sino que cundió una fuerte indignación. La reacción, buena o mala, fue policial.
Frente a los hechos, la Ciudad tiene la misión de respetar la libertad de expresión y también mantener el orden, algo difícil por cierto. Le cabe controlar la calle, interponer las acciones judiciales y administrativas que corresponda a los infractores y pasarle a Esha la cuenta por los daños emergentes y los lucros cesantes que se puedan probar. Punto.
En lo político y judicial, todos los disturbios del día sábado arrojaron un logro igual a cero, un fracaso total. Ante el repudio general, ESHA misma los mandó a dormir.
El domingo amaneció con un cambio copernicano en el relato. Salieron con discursos, claramente guionados pero sorprendentemente endebles: "vinimos porque había vallas", "soy de Rosario (¡y pronunciaba las eses!), Bahía Blanca, etc". Apareció un nuevo elenco de personajes moderados que recitaban con sospechosa uniformidad la habitual distorsión de los hechos, sello distintivo del eje La Cámpora - Instituto Patria. En fin, algo inofensivo, donde lo artificial se notó... ¡y mucho!"
Ni una táctica ni la otra parecen por el momento haberle dado a la acusada multiprocesada respiro alguno. Ningún chillido infantil ni desmán adolescente debe jamás sacar de eje a los verdaderos adultos, que en el caso son el Poder Judicial y el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
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