jueves, 4 de agosto de 2022

LA MISMA MASSA CON DISTINTO OLOR

Muchos anuncios, con pocas probabilidades de cumplirlos y de plata, nada o casi nada. Es de locos festejar frenéticamente haber entrado a la cancha. Sólo pueden festejar quienes ganan el partido. En todo caso, el rumbo que dicen haber encontrado se parece dolorosamente al que llevaban cuando creían no tenerlo. 

Siguen ilusionándose con amenazas de controles imposibles, con ir tirando gracias a que alguien quizás un poco les preste y con ajustar a quienes ya están que no dan más. De acordar incentivos para crecer, se dijo poco y en concreto, nada.

Las medidas de reforma se adoptan primero y se anuncian después, cuando ya es tarde para resistirse a los cambios. Quien avisa a los pícaros, traiciona al pueblo.

La deuda es razonable siempre que sea para financiar el gradualismo, que es la anestesia destinada a mitigar el dolor que en lo inmediato producen las transformaciones de fondo. Ya el crecimiento que se producirá en una economía saneada hará que se pague sola. Un círculo virtuoso.

En cambio, es criminal endeudarse sólo para prolongar la agonía de un sistema que resulta insolvente porque es inviable (y no al revés). Todas las quiebras estallan cuando el banco dice basta, pero las causas verdaderas se remontan mucho más atrás. Si no se las ataca, es inútil comprar tiempo a precio de oro, aunque todos lo hacen sobre el final... mientras pueden.

Puesto que los individuos son mortales, ir tirando les parece razonable. Por el contrario, como las sociedades no mueren, la deuda improductiva es hacerle pagar a los sucesores el consumo actual. Tentador, pero fraudulento y, a larga, insostenible.

Se esperaban acuerdos políticos inéditos y llegaron amenazas de palos inofensivos y promesas de zanahorias insípidas, como siempre. Se esperaban incentivos eficaces y llegaron los controles distorsivos de siempre. Se esperaban estímulos para crecer y llegaron ajustes para quienes no dan más. El pueblo... ¿aguantará como siempre?

Desde su primer anuncio, ya no se puede seguir creyendo que Massa vaya a hacer nada de fondo. Tarifazo, deudita y una mínima asistencia respiratoria para los salarios. Con recesión en vez de crecimiento, los objetivos se reducen a lo contable. Como sus antecesores, sólo pedalea en el aire, tratando desesperadamente de alargarle la mecha a la bomba para ver si no estalla hasta el próximo gobierno. Falta mucho y él tampoco la ha de tener TAAAAN larga, la mecha.

En conclusión, mal pronóstico.

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