Por Gustavo Rinaldi
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El engaño es evidente
Por qué habría de creerle?
Qué acaba de sucederle?
Fue un sicario? Fue un demente?
Coincidente y conveniente
Lo que a Usted le ha pasado.
Fue muy bien organizado
Y en todo la beneficia
Esta trama subrepticia
Que responde a un gran armado.
Por lo pronto no está muerta,
Oh qué gran casualidad,
Ya que en esta sociedad
Mueren muchos (cosa cierta)
Con una justicia tuerta
Que libera a los ladrones,
Asesinos y matones,
Gángsters y estafadores.
Solo delitos menores
Van a parar a prisiones.
Cuando las pruebas la abruman
Lo defenestra al fiscal
Mas nunca en un tribunal
Refutó evidencia alguna.
Resulta más oportuna
La idea de victimizarse
Porque así ha de cambiarse
El eje de la cuestión
Subvirtiendo la razón
De lo que debe juzgarse.
Las pistolas que no fallan
Matan fiscales, menores,
Mujeres, trabajadores,
Que sin defensa se hallan.
Sin custodia. No les vallan
La vereda, el domicilio,
Y brutales homicidios
Sufren. Mártires son ellos!
Grande a Usted le queda aquello
De intento de “magnicidio”
Pa usar ese sustantivo
Magna sería la persona
Y no una vulgar ladrona
Rodeada de algunos vivos
Y de algunos “colectivos”
Con la cabeza lavada
A la larga sustentada
Con planes, sin trabajar,
Con plata que han de robar
A sufriente gente honrada!
El capítulo siguiente?
El sicario suicidado?
O por Usted perdonado
Para engrupir más gente?
Sin declaración coherente?
Celular sin evidencias?
Va a gritar con insistencia?
Cómo continúa este incordio?
Invocar cuestión de odio
Así no dictan sentencia...
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