Macri no fue un buen candidato. Fue lo que había, por cierto infinitamente mejor que Esha y su pandilla.
Primero rechazó la alianza con Massa (que en esa época la odiaba activa y abiertamente a Esha), "porque alcanza con lo que hay", según su pintoresco gurú tropical. No basta que alcance, tiene que sobrar porque siempre algún percance se presenta. Massa le hubiera aportado victorias cómodas, por amplio margen y una mayoría legislativa que después le hizo mucha falta.
Ese fue el primer error estratégico y muchos otros vinieron detrás. No tiene que alcanzar, tiene que sobrar. No es lo mismo ganar por un pelo que ganar al trote. Si se recluta solo a los buenos, se lucha solo y se pierde. Primero juntar y después formar...
Después, con la idea mezquina del "amarillo puro", el gobierno de MM se privó de una mayor participación radical, que hubiera aportado sensibilidad política y marginó a la Coalición Cívica, que hubiera aportado nivel intelectual y firmeza moral.
Cuentan que cuando el gran poeta romántico Chateaubriand fue embajador de Napoleón en Roma, marchaba veloz, solo y adelante, obligando a sus secretarios a seguirlo, manteniendo veinte pasos fe. En cambio su jefe, el zorro viejo de Talleyrand, Ministro de Relaciones Exteriores casi vitalicio y quizás el mejor diplomático de la historia, prefería caminar tranquilamente en medio de ellos, en amable conversación, confiado en que su enorme superioridad se impondría por sí sola...
Todo, en el fondo, es un problema de inseguridad.
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