El mejor regalo para nuestros nietos es el cuadro de todos sus abuelos y parientes unidos en una sola familia extensa. Es obvio que para los chicos las sólidas columnas de sostén son los padres, siempre cariñosos y dedicados. Nosotros, los demás familiares, somos como los arbotantes de esas catedrales góticas que permiten alcanzar mayores alturas y al mismo tiempo tener espacios libres para los maravillosos vitrales.
Esa función de ser el sostén del sostén para esos chiquitos fantásticos que nos trascenderán y que dejaremos en el mundo quizás les permita alcanzar un poquito más de luz y de altura, algo quizás no indispensable, pero no por eso menos valioso.
El aporte de los abuelos, accesorio para nuestros hijos y nietos, a nosotros nos baña en la mayor plenitud posible de nuestra edad, por lo cual somos grandes afortunados al poder brindarlo. Hay que agradecer todos los días esa alegría profunda, permanente y compartida.
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