domingo, 30 de julio de 2023

CARNES Y CARNÍVOROS

 Los eructos de los rumiantes emiten gases de efecto invernadero, lo cual se puede reducir mediante la dieta y el manejo. El pastoreo racional evita la acumulación de pasto seco, tan propenso a incendiarse. Además, las deyecciones fertilizan el suelo, lo cual incrementa la biomasa vegetal, que secuestra más de esos mismos gases de lo que se emite durante la rumia. En circunstancias normales, el resultado neto de la ganadería es DISMINUIR la cantidad de gases de efecto invernadero.

En la cadena alimentaria, los rumiantes son un eslabón fundamental, porque con sus cuatro estómagos pueden transformar el pasto, fibra de bajo poder nutritivo que a los monogástricos mucho no nos sirve, en proteínas de alta calidad, algunas de las cuales no podemos sacar de ningún vegetal. Los rumiantes son las presas preferidas por los mamíferos carnívoros, como nosotros. Nada más natural que matar para comer. Los carnívoros hemos evolucionado haciéndolo y tan mal no nos ha ido. Humanizar a los animales no parece lógico ni "natural". Ningún predador ha podido evolucionar empatizando con sus presas, por mucho que fuera el sufrimiento que les tuviera que infligir. Es ese atavismo de predador exitoso el que despiertan en el humano carnívoro los mansos veganos que se identifican a sí mismos con las presas: la primera reacción (no la mejor, sin duda) es tratarlos como tales.

Domesticar para no cazar disminuyó muchísimo el sufrimiento del hombre y también el de sus presas, a las cuales alimentó, cuidó y crió... para comerlas mejor, claro. Se crearon razas absolutamente inviables en la naturaleza, donde harían estragos genéticos y ecológicos si se las liberara. NO TIENEN OTRO FIN QUE EL MATADERO, donde terminan hasta los campeones, al cabo de su vida útil, de una manera que debiera ser lo menos sufriente posible. La ganadería actual está muy enfocada sobre el bienestar animal, legislado en nuestro país y en los países que nos compran. Mucho queda por hacer al respecto.

En realidad el ganado de carne no sufre una muerte dolorosa, porque el primer paso de la faena es un golpe de insensiblización en el cráneo, previo al degüello, que afrontan en estado de total inconciencia (o muerte cerebral, pero con el corazón latiendo para producir el indispensable desangrado). Aún en estado consciente, el desvanecimiento de la muerte por desangrado tampoco es muy doloroso si el tajo se efectúa con habilidad y con un cuchillo bien filoso (ritos kosher y halal). La carne perdería calidad y valor si el animal muriera luchando, sufriente o estresado, como por efecto de las dentelladas de un león, o de una jauría de lobos, como es lo natural entre sus congéneres salvajes cuando sus predadores los cazan.

Los seres humanos actuales tenemos la vocación de convivir en la diversidad. Para ello, asumimos la OBLIGACIÓN de respetar los derechos, opiniones y costumbres de los demás. Dicha obligación resulta operativa cuando el otro nos parece inaceptable. Todos pueden militar por sus convicciones, pero solamente la ley puede obligar a los demás a observarlas.

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