La Argentina es un país lleno de cualidades, donde hay varias cosas que no funcionan.
Entonces viene un líder mesiánico que emprende profundas reformas estructurales que dan vuelta todo, dejándolo peor de lo que estaba. Ello se padece largamente hasta que ya no se aguanta más y aparece otro líder mesiánico que le echa toda la culpa al anterior y enseguida emprende nuevas y más profundas reformas estructurales que dan vuelta todo otra vez, dejándolo todavía peor de lo que estaba... y así sucesivamente, en un lastimosa espiral descendente.
La Generación del 37 en cuanto a las ideas y la del 80 en cuanto a su realización fue la última que logró una síntesis entre lo unitario y lo federal, con los excelentes resultados que conocemos.
Después fue la Causa y el Régimen, los militares y los civiles, los peronistas y los antiperonistas, todas antítesis pendulares incapaces de resolverse en una síntesis y avanzar.
Mirabeau, en la previa de la Revolución Francesa, acusado con razón de ser una "mala cabeza", contestó: "¡Miren a dónde nos han traído las buenas cabezas!" María Antonieta le creyó... y así le fue.
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