lunes, 23 de octubre de 2023

AHORA, ¡ADELANTE!

Nunca enojarse con el voto de la gente. Nunca llorar sobre la leche derramada, ni sobre ninguna otra cosa. Nunca rebelarse contra la realidad. Siempre hacer una autocrítica bien lúcida, reagruparse y avanzar con brío renovado.

La primera vuelta fue una interna de la oposición, que dividida, dispersa o deprimida, pierde. La segunda vuelta la va a forzar a unirse, aunque sea por el espanto que inspira otro largo ciclo de Massa con Malena, que hasta pueden hacer añorar a los execrables Néstor y Cristina.

El más votado no ganó nada más de lo que ganó el segundo: ambos acceden a la recta final, ni más ni menos. En el caso, Massita Ventajita Fullero es tan mentiroso como siempre al pintarse como el "ganador": sacó mucho menos votos de lo que sacó Albertítere. Le va a ser difícil sumar más porque ya llegó al techo de los KK, que es bajo: quienes por sus muy reales razones, miedos, ignorancias o amores los votan, los votan de entrada. Lo inexplicable o inconfesable de dichas motivaciones las hace tan firmes como difíciles de difundir. Los núcleos duros son rígidos y no se expanden con facilidad. Es más, desde 2019 se han erosionado bastante.

Los radicales "clásicos", principistas, que se rompen pero no se doblan, bueno, casi siempre se acaban por romper. Cuando a veces triunfan, gobiernan mal, de espaldas a la realidad o viéndola con la miopía del fanatismo. Suelen ser colonizados por la izquierda de la Franja Morada, como Alfonsín o por la derecha de Macri. Lo cual puede ser menos malo que la inoperancia complaciente de un de la Rua. Es trágico que sin tales alianzas o concesiones, no llegan, pero con ellas fracasan... y después cargan con la cuenta de los errores, algunos propios y muchos otros, ajenos. Sus actuales reticencias a aliarse con Milei son o bien fruto de su fatal rigidez o una estratagema transparente para subirse el precio... algo más racional, siempre que no terminen por venderse al mejor postor, algo menos bueno. Es antinatural que un partido opte deliberadamente por ser oposición teniendo la posibilidad de ser gobierno. Una cosa es aceptar con grandeza estoica la derrota, la pobreza y el fracaso y otra muy distinta embanderarse con ellos, hasta el absurdo de preferirlos a la victoria, la riqueza y el éxito, en un exceso patológico de la melancolía tradicional argentina.

Ahora hay un ballotage, es decir: ¿pollo o pasta? Pretender un bife de lomo es puro autismo cuando se está a diez mil metros sobre el medio del Atlántico. Decir ni uno ni lo otro es optar por horas y horas de hambre y a la vez hacerle el negocio a la aerolínea. Es intrínseco al mecanismo de una segunda vuelta electoral que el tercero se una al segundo contra el primero, generalmente con éxito. A JxC le cuesta demasiado metabolizarlo, como le pasó con su interna, muy meritoria y razonable en sí, como que es la solución más democrática a las saludables competencias por el liderazgo.

Nada más obvio que la alianza entre un segundo y un tercero, ideológicamente compatibles, que juntos pueden ganar, evitando así lo que ambos consideran una tragedia nacional. Indignarse por ello  clamando al cielo es de una hipersensibilidad rayana en la majadería, que quizá encubra la frustración de pretensiones individuales de jugar más fuerte a la hora de negociar. Es verdad que hay una cierta vocación en los líderes demasiado enfrentados del PRO de cortarse solos, sin consultar con los propios antes de negociar con los ajenos. Dicha egolatría no sólo es desleal, sino contraproducente, porque incrementa el costo de buenas jugadas, o directamente las frustra. El caso de Larreta con Schiaretti fue un claro ejemplo: no hubieran venido nada mal esos votos adicionales, que en definitiva se perdieron. Milei quiso integrarse en Juntos para ir a una interna y el miedo pudo más. Mucho antes, Massa, cuando la odiaba a Esha, quiso unirse a Macri, pero su luna de miel en Davos fracasó. Todo eso se pagó después muy caro. El Talón de Aquiles de JxC es que le falta democracia partidaria, tolerancia al pluralismo y la gimnasia en materia de internas que siempre fue la gloria y el sino del radicalismo. Al fin y al cabo, los votos, en definitiva, no tienen dueño, así que las cúpulas, siempre prescindibles, no intercambian entre sí mucho más que humo, con distintos grados de espesor. Los cambios que hay que hacer se tienen que hacer ya, con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes...

A Milei, en cambio, se le presenta la oportunidad, por no decir el imperativo, de encolumnar tras de sí a toda la dispersa oposición. No tiene otra manera de ganarles a los KK y él ya indicó que se dispone a hacerlo. Cuando el ganador convoca, es irracional que el perdedor lo desaire. Máxime cuando ambos se necesitan.

La política es el arte de lo posible. Las ideas de Milei y las de Juntos coinciden en un 80%. Uno más exagerado y otra más ordenada.  Ahora no hay más opción que militarlo a Milei y después tratar de moderarlo, con los legisladores, gobernadores e intendentes que se supo conseguir. Es lo que la realidad impone.

Cabe recordar que quien gane podrá hacer lo que quiera, con la enorme caja de Vaca Muerta, la nada despreciable del litio, sumadas a la previsible recuperación del campo y el desarrollo interesante de la industria del conocimiento. Salvo que el terror que inspira la cleptocracia vandálica congele las enormes inversiones indispensables. Algo de eso se ha visto en la falta de apuro que muestra Petronas en reunir y poner los cuatro mil millones de dólares que hacen falta para cumplir su acuerdo con YPF haciendo la planta de licuefacción de gas y el gasoducto que la alimente. Es absurdo que no aparezcan para una inversión tan estratégica después de haber despilfarrado veinte veces más entre lo que se consiguió del FMI y lo que se retuvo de los pagos a las importaciones, amén de montones de otros pésimos negocios, como la compra y posterior expropiación de YPF. El gasoducto del mal nombre para abastecer el AMBA, que Macri les dejó servido, también lo tuvieron dando vueltas durante dos años, por razones poco claras: sin la guerra en Ucrania quizás aún estaría en veremos.

Milei intentará, bien o mal, hacer un país libre, moderno y pujante. El otro nos transformará en Quatar o en Dubai, un país de analfabetos rentistas que viven malamente de un Estado dadivoso regido férreamente por una casta delirante dedicada a nadar con gatos en champagne.

Por todo ello, los indispensables cambios de fondo se hacen ahora militando a Milei y votando por él, so pena de que no se hagan nunca más. La segunda vuelta es una opción, no una elección. Es como decidir si saltar o no de un quinto piso de un edificio en llamas, donde abstenerse de actuar es una muerte tan horrible como segura (https://comentariosdepp.blogspot.com/2023/10/ahora-opcion-mas-que-eleccion.html).

Para ello es fundamental la prédica constante por todos los medios hasta el día de la elección. Ese día, lo importante es fiscalizar que haya siempre boletas en el cuarto oscuro, la apertura de las urnas y su entrega al Correo con escolta armada, teniendo siempre un Escribano a tiro de celular. Después hay que fiscalizar el escrutinio definitivo, con abogado disponible para impugnar irregularidades. La carga en el sistema (escrutinio provisional) no es tan trascendente...

Los peronistas con la caja llena son imbatibles... hasta que acaban por fundirse junto con todo el país, por rico que éste haya estado al comienzo de sus nefastas "gestiones".

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