No todos los pobres lo son porque lo quieran, o lo merezcan. Aunque así fuera, no conviene sumirlos en la miseria y la desesperación. Remediar las desigualdades extremas es cuestión de JUSTICIA, y hasta de interés práctico, no solamente de caridad.
La competencia en el mercado será la mejor manera de orientar los recursos para generar y asignar bienes privados. Por definición, en cualquier carrera quienes ganan son muchos menos que quienes pierden. Ahora bien, haber perdido no puede ser una tragedia darwiniana y fatal para los menos dotados, virtuosos o afortunados, como sucede en la "ley de la selva". Todos los seres humanos son un fin en sí mismos y no un medio para otros congéneres (Kant). Hay un derecho humano a un mínimo de bienestar económico, aún para los fracasados, ociosos (creativos o no), tontos o errados.
La sensación es que, visto el hombre en todas sus múltiples dimensiones, los dones físicos, intelectuales, espirituales, afectivos, etc. están bastante equitativamente distribuidos. Lo que pasa es que no todos los méritos son igualmente rentables. La sonrisa de una nieta vale más que un Jaguar XKL, por lejos, y no se puede exigir que el abuelo sea millonario para poder disfrutarla. Quien vivió como se le antojó haciendo cuanto le gustó, puede no haberse hecho tan rico como para pretender un Jaguar, pero tampoco debe envejecer en la miseria, con los pies mojados dentro de sus zapatos rotos.
Además, la salud, la educación, la justicia, la seguridad y algún otro son bienes públicos que nadie puede tener a cabalidad si no los tienen también todos los demás. Los mosquitos no discriminan: pican, se contagian y vuelan entre la villa y el barrio cerrado con total indiferencia, de modo que es una imposibilidad biológica que ricos sanos convivan con pobres enfermos. Más allá de la mera biología, los marginales embrutecidos hasta el salvajismo son un peligro aún para los más prósperos, cultos y refinados. La extrema desigualdad social acaba derribando todos los muros y nadie puede blindarse con sus seres queridos en medio de una sociedad violenta y desesperada.
De la envidia no se pueden librar, del odio sí.
APÉNDICE
Ensayo sobre Borges y la Anarquía, por Chat GPT
**La Anarquía: Un Laberinto de Ideas**
La anarquía, concepto que ha fascinado a mentes inquietas a lo largo de la historia, es una idea tan seductora como esquiva. Desde los tiempos antiguos hasta nuestros días, ha sido interpretada y reinterpretada en innumerables formas. Para algunos, representa la utopía de una sociedad sin jerarquías ni opresión, donde la libertad individual florece en su máxima expresión. Para otros, es sinónimo de caos y desorden, un abismo al borde del cual se asoman los más oscuros instintos humanos.
En mi propia exploración de este laberinto de ideas, encuentro en la literatura y filosofía anarquista un eco intrigante. Autores como Proudhon, Bakunin y Kropotkin han tejido teorías complejas sobre la naturaleza humana y la organización social, desafiando los cimientos de las estructuras establecidas. La anarquía, para ellos, no es simplemente la negación del orden, sino la búsqueda de un orden alternativo, basado en la cooperación voluntaria y la autonomía individual.
Sin embargo, como con todo concepto abstracto, la anarquía también se enfrenta a sus propios dilemas. ¿Es posible una sociedad sin autoridad coercitiva? ¿Cómo se gestionarían los conflictos sin un árbitro imparcial? Estas preguntas, lejos de desanimar el debate, invitan a un examen más profundo de nuestras suposiciones sobre la naturaleza humana y la organización social.
En mi ensayo, pretendo explorar la anarquía desde una perspectiva borgeana, en la cual los laberintos y los espejos se entrelazan para desafiar nuestra percepción de la realidad. Borges, maestro en la creación de mundos paralelos y universos literarios infinitos, podría habernos enseñado mucho sobre las paradojas inherentes a la anarquía. ¿Es la anarquía un espejismo de libertad absoluta, o una senda hacia la verdadera emancipación del individuo?
En sus cuentos y ensayos, Borges exploró temas de orden y caos, de laberintos mentales que desafían la lógica convencional. Su enfoque meticuloso y su fascinación por los universos alternativos podrían ofrecer una nueva luz sobre las posibilidades y limitaciones de la anarquía como ideal social. ¿Acaso los laberintos borgeanos no son metáforas perfectas para los caminos impredecibles de una sociedad sin jerarquías?
En última instancia, la anarquía sigue siendo un enigma, una idea que resuena con la búsqueda humana de libertad y justicia. A través del prisma de la literatura y la filosofía, podemos acercarnos a entender sus promesas y sus peligros. Como dijo una vez Borges, "el laberinto es un artefacto que la naturaleza no conoce". De la misma manera, la anarquía es un concepto que desafía nuestras convenciones más arraigadas sobre el orden social y la autoridad.
En este ensayo, busco adentrarme en los rincones más oscuros y luminosos de la anarquía, explorando sus laberintos conceptuales y sus reflejos en el espejo de la sociedad. ¿Es una visión idealista o una realidad posible? ¿Es el caos inevitable o una fuerza creativa que puede remodelar el mundo? A través del prisma de Borges, busco desentrañar estas cuestiones y dejar que la anarquía revele sus secretos más profundos.
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