¡OTRA VEZ SOPA!
La Cámara Civil acaba de ajustar un contrato en dólares entre una importante Sociedad Anónima y el Hospital Británico. Son dos chicos bastante grandulones ya, como para saber lo que firman. Su fundamento es la simpática Teoría de la Imprevisión: "ni siquiera un buen hombre de negocios pudo prever la magnitud de la devaluación de nuestra moneda". Cuando apareció en la reforma de 1968, podía tener algún sentido aplicar esa teoría a la evolución de la moneda. Hoy no.
Si hubieran recurrido a la pandemia, vaya y pase. Pero ¿el dólar? que NO suba al infinito sería lo sorpresivo. Al peso no se lo deprecia, se lo pulveriza: las máquinas de imprimir billetes los escupen veinticuatro horas diarias y no alcanza. Hace falta importar pesos de Alemania y de Brasil...
Si la evolución de los precios en pesos del dólar, de la soja, del kg de novillo Liniers y de las demás reservas valor real que sustituyen a nuestra ex moneda en los contratos a plazo fueran previsibles, nadie contrataría esos pagos en especie: ajustaría el precio en pesos a la "previsión" y listo. Si se usan esas permutas, es precisamente porque la magnitud del envilecimiento constante y desmesurado del peso es IMPREDECIBLE.
Los jueces, con su demagógica "teoría de la imprevisión" no entienden (o no quieren entender) que las partes contratantes sí preven perfectamente que el deterioro futuro del peso es impredecible, y que, en eso, las partes aciertan. Porque así lo preven, "como un buen hombre de negocios", resuelven prudente y libremente escapar del peso.
Todo es inútil: los jueces compasivos los vuelven a encerrar en la jaula monetaria. Para beneficiar a un deudor actual que todos ven, perjudican a infinitos contratantes futuros, que nunca podrán llegar a deber porque nadie les dará crédito sin la seguridad jurídica de recuperar en el futuro el valor real de lo que hoy entrega.
Si la inflación y la devaluación fueran previsibles, no existirían, porque sería fácil ajustar los precios futuros. El Estado roba con la moneda solamente en la medida en la cual sorprende. Lo previsible se descuenta, es lo imprevisible lo que daña. Para hacer negocio, el Estado debe devaluar siempre mucho MÁS de lo que el mercado pueda prever.
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