lunes, 16 de diciembre de 2024

ADOLESCENCIA, ARTE Y DEPORTE...

"La juventud no está hecha para el placer, sino para el heroísmo". Paul Claudel

El adolescente, después de una niñez sumergida en pantallas, se ve acosado por muchas otras adicciones peores, capaces de destruir a los más talentosos y mejor educados. Son casi imposibles de contrarrestar mediante prohibiciones o castigos, que más bien parecen fomentar el feroz flagelo.

La única estrategia eficaz es no dejar vacíos emocionales. El arte de padres, abuelos, educadores y demás adultos consiste en detectar y desarrollar pasiones, intereses y vocaciones fuertes, que orienten las aspiraciones, deseos y fantasías de la adolescencia, cada vez más prolongada y peligrosa. Eso solo se puede encarar bastante antes, en la preadolescencia, desde los ocho años. El deporte, el arte y demás actividades voluntarias, gratuitas y gratificantes por sí, sin obligaciones ni beneficios más allá de la propia práctica misma.

Cuando descubrí que a mi hijo le gustaba la navegación a vela (y no tanto el caballo y el campo, mi otra "válvula de escape"), no escatimé esfuerzos para ayudarlo a desarrollarse en la náutica. Las lluviosas mañanas heladas de invierno nos vieron a los dos firmes en los muelles de Olivos, de donde se embarcaba en los Optimist a domar el río, a veces más bellaco que un bagual. Un chico de 10 años que tumba y adriza varias veces seguidas su velerito cuando arrecian sudestadas y pamperos no puede asustarse de las maestras, por más tablas de multiplicar que enarbolen furibundas...

Después fue conseguirle un puesto de tripulante en Cadet, y hasta reconstruirle uno que apareció tirado en el galpón del Embarcadero del Club en Mar del Plata. Se logró el milagro de que durante la inevitable depresión y el largo aburrimiento de las interminables clases, el adolescente fantaseara con la regata del sábado, con el campeonato en curso. El boliche y el trago existieron, pero relegados al plano de última prioridad que bien les cuadra. 

Los beneficios siguieron. Tripulante a Brasil en los veranos, se bancó la universidad como instructor de yachting, y también conoció a su excelente mujer. En fin, lo importante fue que para los veintipico, el peligro había pasado. Ya era para toda la vida un tipo física y mentalmente sano, seguro de sí mismo, libre y audaz, capaz de sostener con mano firme los distintos rumbos que el mismo se fue trazando.

Misión cumplida.

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