Nadie (ni los propios protagonistas) está "en favor" del aborto, ni de las drogas, ni de la prostitución ni del juego. La pregunta inteligente es si criminalizarlos es la mejor manera de combatirlos.
En la horrible contabilidad de la muerte, las muertes por abortos clandestinos son más, porque mueren más madres. Se puede combatir el aborto con planes de ayuda a las madres solas, antes y sobre todo después (mucho después) del parto, celebrando SIEMPRE y por igual la llegada de TODO nuevo niño, valorizando el rol materno sin estigmatizar justamente los casos más heroicos, etc. La realidad es que con eso y con todo la que quiere abortar, va a abortar, sea delito o no.
La trata es peor que la prostitución, la mafia es peor que la ludopatía, el narcotráfico es peor que la adicción, etc. Combatirlos, prevenirlos y remediarlos es un objetivo y una función irrenunciable de la política sanitaria, social y educativa del estado y de las entidades privadas abocadas al tema. La pregunta es si el instrumento penal es el más apto para ello, nada más.
A veces el derecho puede privarse de castigar lo inmoral, cuando hay razones para pensar que es ineficaz y que en la realidad tiene consecuencias más dañinas que la propia conducta nociva. De ninguna manera se puede interpretar que tal omisión del castigo sea aprobación.
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