martes, 28 de enero de 2020

EL CENTRO INCOMODA Y LOS EXTREMOS SE TOCAN

Alfonsín dijo una vez que Macri era el límite, es verdad. En ese momento tenía por enemigos a los militares dictatoriales y por adversario democrático a Luder, que para ser peronista estaba bastante bien, "de los más cepilladitos", como decía un tío mío. La actual energúmena uña larga que ni osa aparecer y su Chirolita, que recuerda a un curita falluto, son harina de otro costal. Juntarse contra Esha es irse menos a la derecha de lo que parece.

El radicalismo no es personalista ni dogmático, no hay sometimiento a ortodoxias, consignas ni eslógans: su único programa es la Constitución y su único compromiso es la democracia, tanto en lo nacional como en lo partidario. Es tan pluralista que es centrífugo: Frondizi, Carrió, López Murphy, Stolbitzer y tantos otros son trozos de valioso mármol que saltaron demasiado lejos cuando el martillo de la egolatría golpeó el cincel de la intolerancia, en el largo proceso de esculpir la identidad partidaria, bastante informe todavía.

Su principal razón de ser es combatir el "régimen" antidemocrático y fascistoide. Ganarle a veces, pero combatirlo SIEMPRE. Hoy el "régimen" toma la forma del cáncer peronista, destructor de los valores de la República y de la riqueza argentina. Todo lo demás es circunstancial. El peronismo es el nieto populista del "régimen" aristocrático: antiliberal, antidemocrático, fundamentalista (católico a veces), nazifascista, personalista y retrógrado. La oligarquía sindical y partidaria reemplazó a la oligarquía terrateniente y empresaria. Es muchísimo más abusiva todavía, y por ende tanto más rica.

No sé cómo se puede ser honesto y kirchnerista... No se trata solamente del mega robo pasado, presente y futuro, sino también de la burda maniobra que pergeñó la fórmula bifronte, con el aluvión camporista que busca inundarla. El kirchnerismo es tan corrupto en lo político como en lo económico.

Otro rasgo nefasto es su la furia cerril contra la clase media productiva, a quien traba con regulaciones y ahoga con impuestos. La política económica dirigista es omnipotente y autista, porque no parece ver que los otros también juegan y que a veces despliegan un nada despreciable poder de reacción.

Cada regulación crea una trampa, una veta para explotar mediante la coima que compra el permiso, la excepción o simplemente la impunidad. Las altas finanzas están de fiesta, haciendo millones en minutos gracias a los arbitrajes entre los distintos tipos de cambio (hacer purée, comprando dólares al precio oficial y vendiendo al blue), a la manipulación del comercio exterior (sobrefacturación de importaciones y viceversa) y a la especulación que permite la volatilidad de los bonos de la deuda.

El peronismo es un fascismo con vocación dictatorial, un populismo de derecha. Siempre se vendió a los conservadores, a la Iglesia y a los militares como antídoto contra el socialismo (al cual le robó las banderas) y contra el comunismo (al cual le robó la masa obrera). A los capitalistas nacionales amigos y prebendarios les vendió el mercado maniatado por la protección contra la competencia exterior, junto con el control de la masa obrera mediante sindicatos verticalistas y corruptos, cuyos dirigentes son hoy la verdadera oligarquía. Al pueblo lo sedujo con la distribución rápida de lo largamente acumulado a su costa, en vez de redimirlo para siempre con la movilidad social, hija de la educación y del trabajo.

Aunque trate de disimular, el peronismo fascista está mucho más a la derecha que los liberales mal llamados "conservadores", quienes en realidad comparten el centro democrático con el radicalismo socialdemócrata. El "régimen" conservador del fraude patriótico era tan antidemocrático y antiliberal como el comunismo, mesiánico y totalitario al punto de considerar que "la violencia es la partera de la historia", cuando más bien ha resultado la sepulturera de la libertad. Como el peronismo populista heredó ese rasgo del "régimen", el radicalismo popular lo suele enfrentar, y el verdadero liberalismo también. La alianza en CAMBIEMOS no es tan absurda ni tan inaceptable como creía Alfonsín, porque la convicción democrática los une. La verdadera derecha es el peronismo kirchnerista, no el PRO.

El centro es siempre incómodo: su moderación y su racionalidad son blanco fácil para los embates apasionados de los extremismos de derecha y de izquierda. Ser radical es más incómodo todavía: somos democráticos como los liberales, populares como los peronistas e idealistas como los comunistas. Parece una poción indigesta, pero hasta ahora nos ha funcionado como un elixir de la eterna juventud.

No hay comentarios:

Publicar un comentario