En el contexto de los manteros, que solamente son un dato, caben algunas reflexiones.
La Argentina, por el momento gracias a su endeudamiento y supuestamente de aquí a poco gracias a sus exportaciones, está en la etapa de dólar barato de su sempiterna de ciclotimia cambiaria, por lo cual la gente paga muchísimo en dólares por todo.
Como la ineficiencia recaudatoria es altísima, los impuestos indirectos (más fáciles de recaudar) son siderales.
Eso hace que un senegalés pueda vender una cartera Louis Vuitton falsa en la calle Corrientes al doble de lo que la vende en la Piazza San Marco, que es mucho menos de lo que cuesta en un comercio legal, agobiado de impuestos, cargas sociales por sus empleados, alquileres, etc.
Una nube de "manteros" de latinoamérica, acompañados de lumpenaje local variopinto (barras bravas del fútbol, etc.) invade las veredas de Buenos Aires al punto de que no se puede circular, pero sí adquirir por USD 10 un par de Crocs truchos que el el shopping center más elegante de Chile están a 7, pero en un negocio modesto de Paraná y Córdoba están a 21.
La intensidad del fenómeno lo ha hecho intolerable, por lo cual el Gobierno de la Ciudad ha desplegado su flamante policía en batallas campales de resultado parejo, ya que los manteros están respaldados por organizaciones bastante poderosas, tan ilegales y lucrativas como ellos. La represión policial tiene mala prensa porque suele ser sangrienta, torpe e ineficaz. Aún la victoria de sus armas sería pírrica para la Reina del Plata, porque volcaría a la delincuencia armada a miles de marginales que han demostrado por lo menos una clara voluntad de trabajar, a la vez que una innegable iniciativa comercial.
Entre combate y combate, el espíritu de Luis XI (que prefería los sobornos a las batallas y así logró unificar a Francia) inspiró a algún estratega porteño la idea de ofrecer esos USD 500, SOLAMENTE POR DOS (2) MESES, con cargo a asistir a un curso de capacitación. Eso permitiría reciclar a los manteros "buenos" que sólo son inempleables por su marginalidad. A los restantes, se los podrá luego reprimir con buena conciencia.
Hubo éxito en una maniobra parecida con quienes desde el 2001 viven de hurgar en la basura, que pasaron de horribles "cartoneros" que abrían la bolsas y diseminaban la basura a simpáticos recicladores urbanos con ropas fluorescentes, a quienes la población suele ayudar, dejándoles lo reciclable aparte.
Por lo menos, es una iniciativa inteligente y sensible, dos virtudes que se le niegan al gobierno. No hay que criticarlo tanto cuando las ensaya...
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