En la nota accesible en:
https://www.infobae.com/opinion/2023/06/04/el-serio-peligro-de-que-el-caos-opositor-termine-en-una-hiperinflacion/
con su insidia habitual, Tenenbaum trata de minar a la oposición, sin lograr más que ensalzarla.
Reitera en el artículo las viejas críticas que siempre le caben a quien hace o piensa hacer lo correcto. Van a ir por el buen camino, sí, pero ¡ah!: muy rápido o muy despacio, quizá hasta torpemente; comunican mal; no se ponen de acuerdo en un 100%; etc., etc. Siempre hay que echarle la culpa al otro, señalando hasta sus menores imperfecciones y tropezones, mientras se niegan los desastres y problemones propios.
Las pajas en el ojo ajeno existen, pero no matan: ya cuando estén al timón decidirán legítimamente los gobernantes elegidos si van más rápido o más despacio en el ejercicio del mandato popular. Los costos podrán ser mayores o menores, pero mientras se vaya en la dirección correcta, se va bien. No hay plan de batalla que resista el primer cañonazo del enemigo. La eficiencia es deseable, pero para la victoria basta la eficacia y en definitiva todos los costos son bajos cuando se la logra.
Victoria parece que va a haber: si Milei entra a la segunda vuelta, gana seguro, porque los de JxC nunca van a votar a los KK, y viceversa. Si en cambio entran los KK y JxC, los libertarios votarán JxC por afinidad ideológica. Lo bueno es que en ningún escenario racional ganan los KK.
Así que la única incógnita es si el próximo presidente va a ser más o menos liberal: fanático y extremo, enérgica y tajante, o moderado y contemporizador. Claro que igual hay que militar lo más posible para ganar legisladores...
Tenenbaum repite el viejo truco de los dirigistas: en las sociedades plurales y abiertas siempre encuentran algún "sabiondo" que, a veces inocentemente, sostiene algún punto de vista que les se presta a la crítica fácil. Sea politizada o no, en la nota no se evalúa para nada cuál sería la opción a esa oposición tan peligrosa por imperfecta y desprolija. En el mundo real, lo único peligroso son estos delincuentes disfrazados de políticos, que cuando no roban encubren ladrones. Que han manoteado todas las cajas habidas y por haber, porque su modelo de distribuir sin producir sólo cierra consumiendo riqueza ya acumulada por otros. Así, han quebrado el país con sus delirios regulatorios y distorsivos de cuanto precio y mercado hay. Todo para tapar el cielo con la mano: el que no trabaja, no come y los superávits gemelos son lo único que estabiliza el país.
Ello no sucede, de modo que los síntomas se encadenan y potencian. La emisión es consecuencia de la deuda, que es consecuencia del déficit, que es consecuencia de que todos consumen y nadie produce. La inflación es consecuencia de todo eso y, según algunos, de algo más.
De todos modos, lo innegable es que si todo el mundo se dejara de robar y se pusiera a trabajar para producir algo exportable, la deuda se solucionaría tarde o temprano. Mientras eso no suceda, no hay solución para el país en general. Si la imaginación, la inteligencia, el esfuerzo y los recursos que los sucesivos dirigentes dedican a pergeñar maniobras para seguir viviendo de los demás de adentro y de afuera se dedicara a producir para darles trabajo a los de adentro y venderles el producto de dicho trabajo a los de afuera, seríamos viables.
Y si no, no.
Tal es la viga en el ojo propio, potencialmente fatal. Si de entrada la política es deshonesta, la estrategia es contradictoria y la conducta es viciosa, entonces toda victoria, hija del engaño eficaz y de usufructuar con habilidad el error ajeno, será efímera por definición. Imposible tener éxito cuando los problemas se soslayan o se niegan, mientras las "soluciones" consisten en imaginar mil y un artificios que sirven sólo para salir del paso mandando los costos a un futuro que llega cada vez más rápido.
Vaya ventaja la del oficialismo en estar de acuerdo en hacer todo mal, en pervertir al pueblo, en robarle y en mentirle por sistema. Claro que no puede haber confrontación interna en una banda donde piensa una sola persona, que piensa poco y piensa mal, por lo general en su propio y exclusivo beneficio. Cualquier ventaja aparente para el pueblo es, desde su óptica maquiavélica, un costo para que la gente se atonte y la vote, aunque sabe que a la larga necesariamente todos sufrirán más.
En JxC, la acción de gobierno se concibe como un aporte para que el pueblo crezca y progrese, aunque haya sacrificios iniciales seguros y ventajas futuras sólo probables. Habrá éxitos y fracasos, pero en el buen camino los avances valen mucho, mientras los retrocesos no son más que un sobrecosto, quizás evitable en teoría, pero ampliamente compensado en la práctica por el éxito final, por relativo que sea.
Tenenbaum no contradice con altura, no aporta ningún argumento, sólo señala las críticas surgidas del propio debate interno como los defectos que posiblemente sean. Trata de meter miedo señalando los costos de la propuesta opositora, sin contar los beneficios esperados, que siempre los amortizarán. Advierte con cobardía que hacer el camino cuesta arriba podrá ser más o menos duro, pero ni menciona que hacerlo cuesta abajo lleva al precipicio.
Asustar con el pinchazo sin consolar con la curación es un discurso mortífero.
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