viernes, 7 de junio de 2024

Él y Essha

¿Que sería de la humanidad si no existiera la comunicación, por ende el debate, y por ende la evolución? Ni con Milei ni con Cristina hay debate. Ambos imponen criterios que se deben seguir sin piar. Eso siempre irrita.

Milei se siente un elegido por Dios para imponer una verdad que en realidad es la de él. Desde dos puntos de partida distintos y a partir de perspectivas diferentes, ambos son mesiánicos. Se puede admitir que al mesianismo de Cristina haya que combatirlo con un mesianismo opuesto.

Sin embargo, la envergadura intelectual y la formación académica los diferencian, además del abismo moral que los separa. Es cierto que emocionalmente son comparables en su mesianismo, pero allí acaba la coincidencia.

Esha es una analfabeta, sobre todo en economía. Carrió, con lapidario acierto, la diagnosticó como "lectora de contratapas". Cual ave de rapiña, sólo es capaz de robar al vuelo un par de ideas que le parecen útiles para barnizar su discurso de feria, destinado a incautos por una ignorante que no logra pasar del falso raciocinio del sofista, del alegato leguleyo pero vacuo, del mero birlibirloque ( https://etimologias.dechile.net/?birlibirloque). Él es un académico quizás demasiado vistoso, incluso algo chocante, pero sin duda reconocido. En la Argentina y en el extranjero, desde mucho antes de su viraje hacia la política, llenaba paraninfos universitarios no sólo con alumnos propios y ajenos, sino con colegas profesores que acudíamos con interés y curiosidad sostenidos.

En lo moral, es evidente que él cree en lo que dice: rebosante de autenticidad, llega a caer en la grosería. Convence al prevenido, consigue la aprobación de los sensatos y suscita el fanatismo de los entusiastas. Hasta los más escépticos o timoratos se ven tentados a seguirlo, aunque sea un poco de lejos. Impone respeto a todos, incluso a los más irritados de sus críticos.

En cambio Esha es una maquiavela de pacotilla, una resentida social que no cree en nada, salvo en que puede engañar para siempre. Está dispuesta a todo con tal de acumular poder y riqueza, siempre insuficientes para escapar del conurbano que lleva pegado como abrojo. Mentirosa consuetudinaria, es la última en creerse: es patética y se piensa ingeniosa; es la mona vestida de seda que se decreta elegante; es el grito que intenta en vano tapar el abismo donde la sepulta la vasta gama de sus inseguridades; subestima a su público y sobreestima su capacidad de convencerlo; confunde con carisma popular lo que no pasa de una complicidad mafiosa por parte de inviables y desesperados, aplaudidores profesionales que la entienden poco, la analizan menos y nunca la critican; cree que atrae cuando a veces encandila con sus destellos de joya falsa. Jamás es sincera, su rostro grotesco y descompuesto asoma cada vez más por las fisuras de su máscara gastada.

Él te la hace ver, aunque no quieras; Esha te la cuenta, aunque no le creas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario