El dilema para los argentinos no K es:
1. votar juntos por el oficialismo repelente y mantener la estrecha mayoría del ballotage; o
2. votar cada cual por terceros o cuartos candidatos más interesantes con ideas afines.
En las Cámaras es de suponer que votarán todos juntos para sostener el proyecto, puliéndolo y optimizándolo por añadidura en la negociación. En cuanto a lo cualitativo, se incorporan voces calificadas con matices disidentes lo cual enriquecería el debate, si lo hubiera.
En nuestra realidad degradada, los legisladores son meras "manos" que se levantan más o menos mecánicamente, por lo cual mejor ni mirar las cualidades personales de quienes completan las listas. Por el contrario, casi todos los candidatos que las encabezan suelen entrar, lo cual incentiva el fraccionamiento que tanto nos aflige. Es egoísta y ruinoso que estén fuera quienes debieran estar debatiendo y aportando desde dentro. La inseguridad de los grandes y la ambición de los pequeños es la receta del fracaso.
Todos prefieren ser "cabeza de ratón" antes de ser "cola de león", sin que les importe debilitar a su partido. El déficit de democracia interna en los partidos políticos genera una sangría de líderes valiosos, quienes a su vez se autocondenan a la insignificancia de francotiradores.
Los partidos anémicos y los líderes solitarios no pueden generar cuadros de calidad y cantidad suficientes como para integrar listas o gobernar con solvencia, si ganan. La militancia es casi inexistente y además resulta postergada en favor de rejuntes de relleno para completar las listas y ocupar los puestos políticos clave en la administración publica. En el mejor de los casos, acaban resultando un lastre, y en el peor, una catastrófe.
Es verdad que al reembolsar los votos prestados, el fraccionamiento electoral de los frentes y de las alianzas típico de las elecciones legislativas hace que "los pingos se vean en la cancha", transparentando la cantidad exacta de votos que tiene cada cual. Ello permite luego negociar con más realismo y facilidad el candidato único a los cargos ejecutivos en las elecciones siguientes, donde resultaría fatal ir divididos.
Por último, la facilidad que todos tienen de armar su mini partido, presentarse y meter aunque sea uno o dos diputados en la Cámara permite que se "levante un echado". Puede aparecer un líder ignoto o disruptivo que represente a un electorado ajeno a los partidos grandes, hoy prácticamente residuales. Los votantes tendrán entonces la oportunidad de seguirlo y él de demostrar valía y crecer. Cabe recordar que fue el caso del propio Milei, que empezó corriendo de atrás y terminó ganando de atropellada.
Sin embargo, tal diversidad de opciones no es gratis, y eso por varias razones.
Primero, el fraccionamiento del voto afín debilita políticamente a un Presidente inaguantable, pero que se anima a todo y (muy a lo bestia) está REALIZANDO lo que nunca, al punto de haber ya hecho todo lo que se puede hacer sin el Congreso... y bastante más.
Siempre hay infinitas opciones, pero no estamos en un concurso universal de verdad, bondad y belleza, en abstracto. Estamos en medio de un proceso político en marcha que nos lleva hacia donde la mayoría de los argentinos básicamente hemos resuelto que queremos ir. Hoy sólo podemos impulsarlo o "frenarlo". Sólo dentro de dos años podríamos cambiarlo por otro mejor, que vaya para el mismo lado, o no... si aparece. Hoy, todo lo que no lo impulsa, lo "frena" en mayor o menor medida, intentando desviarlo lateralmente o detenerlo frontalmente.
Salgan como salgan las elecciones del 26 de octubre, Milei seguirá siendo Presidente además cambiará muy poco la distribución de fuerzas en el Congreso, porque éste se renueva siempre por partes. El gobierno tendrá más legisladores de los poquísimos que tiene, sin que haya por ello ninguna posibilidad de mayoría. Ni siquiera es probable que llegue por sí solo al tercio, parapeto indispensable contra un juicio político y obstáculo eficaz de la insistencia frecuente sobre las leyes vetadas.
Lo concreto es que para lograr las reformas tributaria y laboral sin las cuales la esperanza actual se esfumará, el gobierno deberá en todos los casos formar alianzas. Es obvio que cuanto más legisladores consiga, menos votos adicionales necesitará y menos tendrá que transigir para lograrlos.
¡Hay que bancarle las bancas!
Segundo, hay un gran desperdicio de votos, por los picos sobrantes, que siempre se pierden, pero al ir divididos se pierden muchos más.
Por ejemplo, si para elegir un diputado se necesitan 100 votos, la merma real de bancas por los sobrantes no es la misma: si se eligen 10 con 1.099 votos, hay 99 perdidos como máximo. En cambio, si los mismos votos se dispersan en cuatro listas afines, CADA UNA puede perder 99. Con un máximo teórico de 396 votos que se pueden perder, las "buenas" ideas se quedan con TRES (3) diputados MENOS SOBRE LOS DIEZ DEL TOTAL. Con semejante REALIDAD, y teniendo en cuenta además lo exiguo de los márgenes por los cuales se gana, es suicida "tirar" el 30%.
En cuanto a los Senadores, el desperdicio de votos es aún mayor, porque en cada distrito SOLAMENTE DOS (2) partidos llegan al Senado. TODOS los votos emitidos en favor de los candidatos de TODOS los demás partidos se pierden... aunque hasta podrían, sumados, ser la mayoría.
Realmente, es como quemar las paredes de la cabaña en la chimenea porque el invierno está frío.
Tercero, es observable que "los que van unidos ganan y los que van divididos pierden"; y que "la unión hace la fuerza". La historia lo enseña, más vale aprenderlo de una buena vez.
CONCLUSIÓN
La conclusión adulta y racional resulta, entonces, jugarse por la vigencia de las buenas ideas y por el éxito del proyecto, que es el nuestro, no el de Milei. La manera de apuntalarlo es votar por el que más nos CONVIENE a tal fin, no por el que más nos GUSTA. Milei se habrá cansado de cometer errores, groserías, maldades y hasta se le puede haber notado alguna fisura moral. Con eso y con todo, presenta diferencias tan potentes que sin duda definen la opción y justifican una esperanza tenue y lúcida, pero esperanza al fin...
Educarlo es imposible, pero usarlo es lógico, y quizás indispensable, sobre todo porque de todas maneras estará en el cargo al menos dos años más. Sería criminal perder todo ese tiempo sumiéndolo en una parálisis forzada. No es cuestión de castigarlo, ni de premiar las innegables virtudes o atractivos de candidatos afines pero insignificantes, es cuestión de salvar al país de un retroceso que puede ser tan fatal como definitivo.
No es que la gestión haya sido o tenga que ser perfecta, ni siquiera buena, sino que es la ÚNICA ESPERANZA de que el proyecto funcione y la Argentina arranque de una vez. Ya habrá tiempo de pulir errores, pero hoy hay que reafirmar el rumbo o volver a los Orcos, al Tren Fantasma. Los errores se perdonan, se rectifican y de última se padecen, pero el rumbo es hoy irrenunciable porque el destino todavía está al alcance. A la oportunidad la pintan calva... hay que tomarla de su único pelo, por engrasado y desagradable que esté.
¡A no dejarla ir!
No vaya a ser que por castigarlo a él hundamos al país y rifemos NUESTRO futuro. Uno no se corta la cabeza porque duela un poco, ni se saca un ojo para ofender al otro con el espectáculo de la herida. Tampoco seamos como el nadador que se largó a cruzar el Canal de la Mancha, pero cuando había cubierto los dos tercios, se cansó y se volvió.
Así que a repartir broches de ropa para las finas narices y a votar TODOS al peluca que hoy nos toca. Cuando éste Presidente haya hecho, bien o mal, todo el trabajo que tiene por delante, si aparece algo más presentable, bueno, iremos TODOS encantados tras la opción superadora.
Pero hoy por hoy, sí, es Milei o el diluvio.
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