MEDIDAS CONCRETAS
Sin una mejora inmediata de salarios y jubilaciones, es improbable ganar ni un voto. No sería un aumento, sino una recomposición de lo que se les fue podando con ajustes incompletos durante aquella época aciaga y lejana de la inflación. Como ahora ya no la hay más, ni nunca la va a haber, es obvio que corresponde la devolución. La pregunta es: ¿cómo se financia?
SALARIOS... Y SALUD
Ya sabemos por amarga experiencia que si no ha aumentado la productividad real del trabajador, los incrementos salariales por decreto son un aumento (por la escalera, diferido hasta la fecha de cobro) de costo. Se lo puede prefinanciar pasándolo a precios (por el ascensor, desde el instante mismo del anuncio), lo cual genera una espiral inflacionaria que pulveriza los supuestos aumentos. Además, el mercado ya no convalida aumentos de precios y la competencia de las importaciones los torna suicidas.
Otra manera de financiar la justa recomposición salarial sería reduciendo utilidades, si las hubiera. Ello bajaría aún más la inversión y con ella la productividad, creando un círculo vicioso y aumentando la recesión. Más demanda y menos producción son una mezcla inflacionariamente explosiva.
La financiación más viable de una mejora salarial es una rebaja de las enormes cargas y detracciones que pesan sobre las remuneraciones. Sería una bella manera de hacerle llegar a la gente el superávit fiscal, a medida que vaya alcanzando. La mera vigencia de la norma generaría un máximo de esperanza con un mínimo de desembolso inicial, siempre indispensable para darle credibilidad y efecto a la medida.
Pasa hoy con los salarios y la salud algo parecido a lo que pasaba ayer nomás con los alquileres de viviendas. En un punto eran impagables para los inquilinos y al mismo tiempo insignificantes para los propietarios. Derogadas las leyes distorsivas, el mercado se encaminó y hoy los alquileres urbanos ya no son noticia.
Con el control de la inflación, algo subieron los salarios reales, pero no podrán llegar jamás al punto de equilibrio mientras los sigan vaciando las cargas que los gravan. Como pasaba con las ayudas sociales, la oligarquía sindical se ha enquistado en la política para intermediar entre empleados y empleadores de manera extorsiva, distorsiva e improductiva. El resultado son salarios insuficientes para los trabajadores, pero al mismo tiempo prohibitivamente gravosos para sus empleadores... y una informalidad rampante, verdadero cáncer del tejido social, empezando por los jubilados y el sistema de salud.
En vez de capacitar a sus afiliados para aumentar su productividad, las corporaciones sindicales los pervierten en una militancia política y gremial que intenta rentabilizar el conflicto, destruyendo riqueza so pretexto de distribuirla; en vez de representar enérgica y honestamente a los trabajadores, los venden en oscuros contubernios con la patronal, dejándolos en pésimas condiciones de trabajo, con ingresos paupérrimos, regidos por convenios tan delirantes como ineficaces; en vez de invertir sus cuantiosísimos fondos en financiar a sus afiliados y organizarlos en cooperativas (de consumo, de trabajo, de crédito, de formación popular, de difusión tecnológica) para mejorar su nivel de vida y facilitar con la autogestión su natural transición hacia el empresariado, los dirigentes sempiternos y corruptos viven como rentistas millonarios apropiándose de la abultadísima recaudación forzosa, a la cual suman con escándalo la de las "obras sociales", una suerte de secuestro colosal de la salud en desmedro tanto del sistema hospitalario (campo de resonantes derrotas políticas para este gobierno) como de los seguros de salud eficientes. Ponerle el cascabel a los gatos sindicalistas, que la política ha engordado hasta transformarlos en verdaderos tigres, va a ser difícil hasta para el león de la política. Sólo el masivo respaldo del pueblo soberano será un anabólico suficiente para prevalecer esa lucha titánica entre las dos fieras. Como Nación, nos va la vida en ella y el electorado ni se enteró. Hay que contárselo antes de octubre.
Además de las cargas feroces, el tema laboral candente, en el fondo, es la relativamente baja productividad, producto de la insuficiente inversión, especialmente en tecnología. El empresario tiene el último iPhone, pero sigue usando máquinas obsoletas que a gatas mantiene y ni piensa reponer. No invierte ni su propio capital ni el ajeno en su propia empresa por desconfianza en el largo plazo, por las altísimas tasas de interés validadas a partir del las necesidades financieras o meramente políticas del estado ("crowding out"), que lo tientan como inversor y lo ahuyentan como tomador, y por la propia idea de que la mano de obra es todavía relativamente más "barata" que la tecnología, lo cual crea un contradictorio círculo vicioso.
En fin, la cuestión laboral es un problemón que los populistas disimulaban con la alta inflación, pero que ahora queda expuesto con mayor intensidad y con el costo político concomitante. Cuando baja la marea se ve cuáles de los bañistas estaban desnudos...
JUBILACIONES
Respecto de los jubilados el tema de la productividad no existe. Sería un puro acto de justicia devolverles con el superávit fiscal lo que se les sacó para lograrlo. La pregunta es para cuánto realmente alcanzaría, pero la mera norma presupuestaria que priorice dicha asignación tendría inmediatamente un efecto electoral favorable, especialmente si se pudiera acompañar de una mejora inicial concreta, por simbólica que fuera.
INTERESES
Falló la creencia de que la tasa se nota menos que el dólar y que la recesión es tolerable. Todo lo contrario: revienta a los bancos, que revientan a las empresas, que revientan a los trabajadores, que revientan el consumo y todos juntos lo revientan al gobierno en las urnas. El aumento del dolar... bueno, mejora la competitividad, que mejora la balanza de pagos, aunque es un doloroso mordisco al bolsillo de quienes tienen ingresos fijos y diferidos... que votan en consecuencia. La conclusión es que no se puede tapar el cielo con una mano, pero tampoco con la otra. El gobierno lo aprendió por las malas, pero a un costo mínimo y cuando todavía tiene tiempo de reaccionar. Las fuerzas del cielo realmente lo acompañan, siempre que les haga caso enseguida.
Habría que refinanciar inmediatamente, con intereses reales mínimos sobre la inflación, las deudas de las tarjetas y demás créditos de consumo, antes de que llegue el porrazo. Los resúmenes previos a las próximas elecciones las pueden descalabrar del todo. Es urgente repasar las referencias bíblicas a los jubileos y a la toxicidad de los intereses...
Un poquito más de deuda y un poquito de emisión pueden ser una manera de diferir y desconcentrar costos que hoy, todos juntos, resultan explosivos y potencialmente fatales. El error del fanático fue atacar un solo mal incrementando todos los demás. Faltó equilibrio, proporción y sentido común. El crecimiento demasiado desigual puede ser más conflictivo que la miseria general. Los dolores iniciales del cambio tan deseado son inevitables, pero hay que distribuirlos con mucho más cuidado, tanto en el tiempo como en la sociedad. Concentrar la presión en un punto y en un momento puede hacer estallar la cañería. El esfuerzo, aún constante, se tolera... siempre que sea parejo.
PYMES
Hasta que lleguen a un cierto tamaño o a una cierta duración, exceptuar inmediatamente a la PYMES de impuestos, como a las fundaciones y demás entidades de bien público. En realidad lo son, ya que por lo general no logran su legítimo fin de lucro hasta después de un cierto tiempo. En cambio, desde el primer momento se registran, invierten, dan trabajo, incrementan y diversifican la matriz productiva, al tiempo que retienen en origen a sus fundadores, antes de que se vayan a emprender a otro lado.
De entrada, más vale fomentar la creación y el crecimiento de las PYMES que asfixiarlas con una voracidad fiscal con poco o ningún objeto. Para el estado, controlarlas y recaudar sus aportes puede hasta costar más de lo recaudado, así que su exención tendría una incidencia mínima o nula sobre el loable equilibrio fiscal. Por el contrario, los efectos políticos, sociales y económicos inmediatos de dicha franquicia serían muy extensos porque son MUCHAS, PUEDEN SER MÁS... y representan muchos VOTOS.
A más largo plazo, es de todo interés fiscal cuidar el semillero de futuros contribuyentes, empleadores, innovadores y exportadores que representan las PYMES, por nuevas y pequeñas que hoy sean.
DESREGULACIÓN
Las inversiones son el gran cuello de botella. Llegan tarde, mal o nunca, están pero no se ven, demoran en fructificar y algunas hasta se pierden. La tarea del gobierno no es hacerlas, sino estimularlas o por lo menos no impedirlas. Concretar enseguida cuantas desregulaciones se puedan, anunciar las demás y proponerlas todas puede recuperar los votos propios y atraer los ajenos.
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