Es un atavismo ancestral esconder los propios tesoros. El problema de la ética de la fiscalidad es interesante.
El conquistador victorioso se erigía en "señor de vidas y haciendas". Hasta la Revolución Francesa los campesinos eran "taillables et corvéables à merci". En la lógica del vencedor y de sus descendientes, la explotación del vencido y de sus descendientes no tenía límites.
Las batallas podían terminar en la matanza sistemática de los vencidos, a veces en honor de los dioses, a veces con festival de canibalismo ritual, para absorber toda la vitalidad del enemigo. Si un vencedor "progre" postergaba el ejercicio de su derecho de matar al vencido, para explotarlo a discreción, el vencido le agradecía y "espontáneamente" lo servía con toda lealtad, para siempre. Si dejaba de hacerlo, el señor podía ejercer inmediatamente su postergado derecho a matarlo, que nunca había perdido. Todo lo que producía el siervo era tan del señor como el siervo mismo. Con el tiempo, la Iglesia generalizó la práctica de dejarle al siervo una "porción congrua" para asegurar su mínima subsistencia.
La visión liberal fue que el impuesto era el fruto de un "contrato social" que jamás existió, pero que sirvió de fundamento a la noción de equidad entre las partes: la comunidad, representada por el Estado, y el contribuyente, a quien se le reconocía derecho a la propiedad privada. De allí el límite de la CONFISCATORIEDAD, que se calcula en el 35% de los ingresos y las rentas.
La Revolución comunista vuelve a instituir la propiedad estatal de los medios de produccion, con algún mínimo reconocimiento "congruo" de bienes de consumo, para la subsistencia del individuo.
En las sociedades donde se reconoce formalmente la propiedad privada, se da una tensión permanente entre el Estado, cuyos gobernantes (vencedores de elecciones) abusan inventando un impuesto nuevo para cada ocasión y los contribuyentes, que se resisten (abusivamente también) inventando variados subterfugios jurídicos nacionales o internacionales para eludir los impuestos cuanto pueden. A veces se saltan las normas y evaden directamente, lo cual formalmente es delito en algunos países, donde hay "prisión por deudas" cuando el acreedor es el Estado.
Entre bobos anda el juego. No veo una superioridad ética de un lado o del otro. Ni todo lo que exprimen los recaudadores se destina al bien común, ni todo lo que eluden o evaden los contribuyentes se destina al lujo antisocial. Eso sí, subirle la llama al infierno fiscal suele aumentar la corriente de aire que fluye hacia los paraísos fiscales.
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