viernes, 2 de febrero de 2024

CONSTRUYENDO PODER

Salga lo que salga, lo más importante para llegar a la China es dar el primer paso. Y está dado. Más allá del contenido que en definitiva resulte, haber armado semejante mayoría a partir de los muy pocos diputados propios demuestra una interesante capacidad para construir poder. El mandato recién empieza, y pareció empezar bien.

Como ciudadano, tenerlo a Milei apretando el acelerador, a Macri haciendo los cambios y al radicalismo atento al freno no me parece mala combinación. Muchos de los que votamos a Milei porque fue lo único que quedó contra Cristina después de Larreta y de Patricia lo hicimos con la expectativa de que el Congreso le morigerara el 20% que tiene de excesivo sin obstaculizar el 80% que tiene de acertado.

Hasta ahora, todos estas vicisitudes no son más que fotos. 55 días son un suspiro, a pesar de la velocidad que imprime Milei. Aunque lo frenen un poco, aunque le poden las leyes, su gestión es vertiginosa comparada con las anteriores. Los datos del día a día son muy variables como para hablar de éxitos o de fracasos, siempre relativos, siempre momentáneos. La tendencia todavía no se puede verificar con certeza. En la bruma de la batalla, se ve muy poco, aún poniendo los faros largos. Por eso no se puede andar peleando con todos, todo el tiempo. Lo único que no hace el gobierno es perder tiempo. Avanza a los tumbos, choca contra las paredes, pero rueda y rueda como bolita de purrete arrabalero. Rebota y sigue... Anda como el Cid "por tierra de moros, perdiendo e ganando, durmiendo los días e las noches trasnochando".

Ya hay luz verde judicial para ir tocando las tarifas. De la deuda interna y del gasto y se encarga la inflación, que lamentablemente no distingue entre el gasto productivo y el  improductivo. En fin, el resultado es ANUAL... y van sólo días. Menem  y todos los demás grandes reformistas también anduvieron tanteando al principio. El costo de tantos tires y aflojes es demorar la baja de la inflación, el peor de todos los impuestos. Es difícil de tolerar para la gente, pero mientras tanto al gobierno le licúa el gasto público y la deuda interna, mientras le aumenta la recaudación. Eso sí, no hay que exagerar, porque la paciencia humana tiene un límite y no se puede seguir tirando de esa cuerda mucho mas tiempo sin erosionar el apoyo popular, quizás en forma irreversible. Ver https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=pfbid0CQTbNMDjpE6pdFfN7yWruAsEnvMviy1BsuYWDAx6k5Cr6j1Utb9zLUMpKi1L5aMol&id=653954354&mibextid=Nif5oz

Por ello, el paquete fiscal debe volver pronto, depurado y recargado. La propia inflación y la reducción drástica del gasto dolerán tanto que las objeciones se aventarán... Cualquier impuesto es mejor que la privación combinada con el impuesto inflacionario. Lo que queda claro es que no habrá más déficit, por lo cual si no se votan impuestos, no habrá gastos. Los gobernadores o recaudan lo que gastan o no van a poder seguir gastando lo que no recaudan. Un interludio sin plata será una buena cucharada de aceite de ricino no solamente para las provincias, sino también para la administración nacional, provincial y municipal. La próxima propuesta fiscal se recibirá como el maná que es. En un tiempo corto, las cajas vacías  amansarán hasta al más bravo.

La quita de subsidios al transporte es un buen comienzo. Los más vulnerables están protegidos por tarifas más bajas y todos están protegidos porque cuando hacen combinaciones de varios medios dentro de las dos horas, pagan el segundo viaje a la mitad el tercero a un cuarto, tengan la tarifa que tengan. Será cuestión de extender la SUBE a los lugares donde todavía no se usa y de adecuar los saldos asignados a los puntos de recarga. Es infundado el argumento de que los subsidios al transporte no se pueden quitar porque figuran en el presupuesto del 2023, hoy prorrogado. El presupuesto es una autorización máxima para hacer un gasto, no una obligación de gastar.

Sigue siendo muy deseable hacer los cambios todos juntos. Irlos haciendo de a poco es más doloroso y sobre todo más injusto, porque en el mientras tanto se generan enormes ganancias y pérdidas inmerecidas. El shock es expansivo, porque una vez develadas las incógnitas y trazado el rumbo, todo el mundo se lanza a producir. La espera es recesiva porque en la incertidumbre nadie puede hacer más que especular, mientras consumen reservas, reduciendo o agotando el capital disponible para negocios futuros. El factor tiempo es el más valioso y crítico de todos, porque es irrecuperable.

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