miércoles, 7 de febrero de 2024

PODER POCO, LEGISLATIVO MENOS

Con las sesiones ordinarias, se recuperará la iniciativa parlamentaria. Podrían aparecer propuestas nuevas, pero es dudoso. No se les suele dar trámite a los proyectos de ley presentados por los legisladores. Parecieran no creer en sí mismos, como las mujeres misóginas.

Quizás tengan razón, porque en general han sido elegidos a dedo para completar listas, levantar la mano y nada más. Eso sí, ninguno renuncia a sus cinco minutos de inmortalidad, pronunciando alocuciones forzosamente repetitivas que, con muy honrosas excepciones, son de una  mediocridad insoportable. Ese papelón cotidiano hoy se perpetra por televisión, sumiendo al Congreso en un descrédito fatal para la democracia. Para paliarlo, cada bloque podría reunirse previamente para resolver qué es lo que tiene para decir y a quién le toca decirlo... una vez.

Es además claudicante que los legisladores prefieran esperar las propuestas del presidente, en vez de generar políticas propias e imponérselas al otro poder, que por algo se llama "Ejecutivo", como bien podrían hacer en este momento. El Congreso ha dejado de ser un aguantadero de delincuentes, pero aún no ha sacudido la tradición deletérea de funcionar o como una escribanía o como una máquina de impedir. La lista sábana ha enterrado el prestigio y la función de un Poder Legislativo que ya no legisla: a lo sumo revisa.

Mientras papá y mamá se pelean, el ajuste rápido y las reformas lentas estrangulan el crecimiento. La oposición no K debiera sancionar leyes "espejo" con los cambios que le parezca, sin esperar proyectos del ejecutivo.

El Ejecutivo debiera dejar de encapricharse y psicopatear con el sufrimiento de la gente para conseguir la sanción rápida de las muchas reformas sobre las cuales hay acuerdo. Después podría pelear por las demás.

A Martinez de Hoz le falló la "convergencia" entre ajuste, reforma y crecimiento. A Cavallo lo voltearon las provincias. Ambos tenían mucho más poder político detrás. Milei debiera rugir menos y conversar más.

El Congreso puede legislar sin permiso. El Presidente no tiene obligación de enviar leyes, solamente debe ejecutar las que se sancionen sin que él mismo las vete. No es tan anormal que haya pulseadas, es lo más democrático porque refuerza la división de poderes. Lo otro es escribanía...

En un país ideal, por presidencialista que sea, la oposición se transforma en una opción, generando iniciativas propias. Se debate el qué, el cómo y el por qué, no solamente el sí o el no. Esos debates sí que serían interesantes...

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