Apoyar a un David que encara a seiscientos Goliats al mismo tiempo, a quien se le mueren más de trescientos y que después deja plantados a los restantes es una tarea más titánica que el propio Goliat. Si encima Davicito reparte hondazos a diestra y siniestra, insulta constantemente a propios y extraños, además de errar el tiro el 20% de las veces, apoyarlo ya es una APUESTA.
Por ejemplo, a mí (que no tengo experiencia práctica en el tema ni soy economista) me convenció con la "recalibración" de los contratos de servicios públicos, que planteó hace tiempo en los siguientes términos:
https://youtu.be/zi0zbhDLEF4?si=EiL31A1muVV_KW1h
Ahora bien, un par de expertos con gran experiencia en la materia que la tienen realmente bien clara, me dicen que es imposible, que habló porque tiene boca, que es sanata. ¿Cómo confiar en un tipo que yerra técnicamente en un tema DE SU PROPIA PROFESIÓN? ¿Sabe que sanatea y entonces es un chantún, un seductor adolescente, que algo oculta o algo miente para no perder la chica? ¿O de buena fe cree en lo que dice y entonces es un delirante? ¿O será quizás un político más moderno, post Maquiavelo, que apunta con carisma al subconsciente? ¿O más que mentir, genera con su sinceridad y su entusiasmo contagioso grandes expectativas de máxima, tipo Alfonsín?. Probablemente sea una combinación de todo ello, de carácter cambiante.
El hecho es que lo dijo desde el llano y ahora, que sería el momento, no lo intenta desde el poder, aplicando con toda ortodoxia el Teorema de Baglini. Habrá macaneado o no en campaña, pero en cualquier caso no come vidrio, es tan político que se disfraza de antipolítica. Es Maquiavelo con peluca, Napoleón con gomera, Julio César sin Roma. Como Alejandro, ¿logrará lo imposible a fuerza de audacia? ¿O como don Quijote, caerá derrengado a fuerza de cargar contra molinos de viento? Nosotros, que tenemos vocación de ser su caballo, debemos recordar que Bucéfalo la pasó tan mal como Rocinante y terminó peor, pero por cierto vivió muchísimo mejor. El futuro es siempre una apuesta; como Pascal, debemos saber que apostar un desastre seguro contra un éxito improbable es el mejor negocio posible.
La Argentina de nuestros hijos y nietos nos convoca a ayudarlo y allí vamos. La Guardia Vieja muere pero no se rinde: es más por vieja que por valiente, ya que arriesga la poca vida que le queda para ganar, con bastante seguridad, infinita gloria eterna. Encima, alguno siempre sobrevive y se queda con el pan y con la torta.
Lo mejor es enemigo de lo bueno. La historia nos pone en rotunda evidencia que el pasado reciente no pudo ser peor. Paso a paso. No miremos la cumbre, nos quita fuerza para escalar todo el trayecto. Mejor ir por tramos. Miremos los primeros 500 metros para empezar a escalar.
Un aporte inicial es predicar contra la falacia del porcentaje al hablar de las tarifas. Los aumentos no se deben enunciar como los porcentajes siderales que son, sino como los bajísimos valores que resultan. La tarifa de electricidad en Mendoza subió un 136% ¡qué trágico, que barbaridad! Pero ¿a cuánto subió? A una ínfima parte de su verdadero valor, a la mitad de lo que cuesta en Chile. En definitiva, sigue costando una miseria.
Lo grave es que con esa miseria hay que seguir financiando cantidad de sueldos importantes y presupuestos enormes en Cammesa, Enarsa, etc. Entes reguladores inútiles o cómplices, gastos improductivos y kioscos varios. Por ahora Milei solo corta subsidios y todavía no ha podido meter bisturí en nada del resto de los curros montados tanto alrededor de la energía eléctrica como de miles de otras cosas: campañas publicitarias, punteros, compra de votos y opiniones, (Borocotó, Víctor Hugo (in) Morales, Navarro, Lázaro Báez, De Vido, los 29 fideicomisos, etc., etc.). La miseria crece y el hambre explota. No hay en el mundo, estafa legal más grande que las jubilaciones en la Argentina. El monumento a la corrupción es la ANSES, más todavía que YACIRETÁ, como dictaminó en su momento el mayor experto en la materia.
Si Milei pudiera hacerlo todo en dos meses y sin ley, sería todavía más ET de lo que parece. Está dinamitando, sin eficientizar recursos y costos. Mientras tanto, el sistema de distribución de electricidad está destruído porque desde la época de Menem que no se hace nada y el suministro se corta a cada rato. Ningún aumento va a solucionar nada de un día para el otro. Los subsidios solo alcanzaron para pagar sueldos. Aún si los aumentos alcanzaran para invertir, la maduración de esas inversiones tomará su tiempo. Entretanto la formidable reserva de dólares en efectivo que los argentinos tenemos en el colchón se van movilizando solas, no porque haya confianza para invertirlas en la economía, sino para consumir lo indispensable. Es medio cruel el sistema, pero no hay duda que se aumenta la demanda de pesos y se reactiva la economía real.
En conclusión, el servicio es un desastre y una miseria la tarifa, pero no la podemos pagar, lo cual sí es indudablemente una tragedia. No la podemos pagar porque los políticos nos roban nuestros ingresos y la falta de inversiones en general anula nuestra natural productividad. Además, anunciar la dolarización y no dolarizar las frena: en ésto, la expectativa creada trabaja en contra. Es verdad que no podemos pagar las tarifas, ni tantas cosas, PERO NO ES PORQUE ESTÉN CARAS.
En tal contexto, ¿quién carga contra los políticos ladrones y monta un espectáculo ambulante mundial capaz de atraer inversiones? ¡¡El quijotesco rockero de MILEI!! No queda otra que seguirlo, entonces... ES LO QUE HAY, Y ES MUCHO MEJOR QUE LO QUE SE FUE.
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