Hay que capitalizar el susto. La pasión más fuerte del ser humano no es el sexo, no es la riqueza, es el MIEDO. En una situación de peligro, se interrumpe el sexo, se abandona la riqueza y se da PELEA... o se huye para salvar el pellejo (si perdemos estas elecciones, nuestro pellejo no vale nada, porque va a ser muy difícil que CAMBIEMOS sobreviva y tenga otra oportunidad). Los números son en principio abrumadores, pero todavía hay un poco de TIEMPO, el más estratégico de todos los recursos, porque es el que permite desplegar todos los demás. Eso sí, hay que usar remedios heroicos, adoptar medidas drásticas, entrar en un frenesí de actividad.
No hay que cerrarse en una fe obcecada, ni tiene sentido negar UNA derrota. Hay que adoptar la serena decisión de pelear mientras la guerra no esté perdida, no desmoralizarse y rendir el pabellón al primer cañonazo de la primera escaramuza. En tren de megalomanías, nos debe inspirar Churchill bajo las bombas más que con el monstruo suicida despotricando en su bunker. No solamente hay voluntad de luchar, hay muchos recursos para hacerlo. Quizás no resulten suficientes, pero no están agotados, ni mucho menos. Las elecciones verdaderas son en octubre...
Wellington no estaba pudiendo ganar la Batalla de Waterloo, mientras las devastadoras cargas de la caballería napoleónica se estrellaban contra sus disciplinados cuadros ingleses, que solamente podían resistir, pero no atacar. Una tras otra, cada carga costaba muchísimas vidas de los hijos de las clases más poderosas de Inglaterra, que por lo general prefería financiar las guerras napoleónicas a pelearlas, como (por segunda vez de siete) lo estaba haciendo en el caso, lo cual era muy excepcional. Le hicieron ver que los padres de los muchachos no se lo iban a perdonar, que de momento la victoria era imposible y le sugirieron que se rindiera ante Napoleón, como tantos otros habían hecho. Ya se le podría ganar en otra oportunidad. Él vió lo atinado del consejo, pero también señaló lo avanzado de la hora y calculó que podía resistir hasta la noche agotando las fuerzas que tenía, porque de noche no se combatía. Si entretanto llegaban los refuerzos prusianos, podía ganar, pero también podían llegar los refuerzos de Napoleón, en cuyo caso el desastre sería total. En concreto, podía aguantar hasta la noche con grandes pérdidas, o salvar muchas vidas propias y ajenas rindiéndose de inmediato. Volvió a mirar el sol de ese interminable día del verano belga y dijo su famosa frase: "Si no llegan, los prusianos, llegará la noche. Hasta mañana por la mañana, no nos vamos a rendir." Al rato, llegaron los prusianos y Napoleón pasó a la historia definitivamente.
Si no se puede ganar la batalla, hay que ganar tiempo... Y ESO SÍ, USAR CADA MINUTO.
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