jueves, 22 de agosto de 2019

MALDONADO

Es patético el uso que hacen de Maldonado. Cincuenta peritos puestos por todo el mundo y por su abuela dictaminaron que se enredó en unas plantas, que murió ahogado y que permaneció en el agua desde que murió hasta que lo encontraron. Nadie más que él es responsable de que se haya querido prender en los cortes y las tomas de los Mapuches. Cuando el juez los mandó desalojar, le tiraron unas piedras a la Gendarmería, que los persiguió en flagrancia por ese nuevo delito. Cruzaron el río en retirada, Maldonado los siguió y se metió al río abrigado y sin saber nadar, lo cual revela una ineptitud total. Los Mapuches ni siquiera le advirtieron que así no se hace y tampoco le prestaron auxilio. Al fin y al cabo se les había agregado, quizás fue más una molestia que otra cosa, hasta que se transformó en un negoción mediático. No hay comedido que le salga bien. Está muerto, autopsiado y enterrado como consecuencia de sus propias decisiones, tan respetables como las de cualquiera, pero muy temerarias por cierto. Cualquiera que quiera puede ir a visitar su tumba. No es un desaparecido y pedir su "aparición con vida" es una delirante opereta de mala fe.

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